"La única cosa necesario para que triunfe el mal, es que la gente buena no haga nada". 

"Aquél que no cree en Dios, termina creyendo en cualquier cosa".

Edmund Burke (1729-1797). Político británico.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lord Acton (1834-1902). Teólogo y ensayista.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Las “espinas” del Tea Party: aborto, islam, inmigración ilegal, socialismo, y naturaleza americana.

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Siguiendo el hilo del anterior artículo en el que desentrañábamos las medidas más “radicales” del Tea Party, nos centraremos en el presente artículo en otros temas que levantan ampollas por su incorrección política aun cuando muchos las pensamos en nuestra intimidad sin expresarlas en voz alta por temer caer en el ostracismo y la exclusión social, y acabar pareciendo un alma insensible, retrógrada, inhumana y reaccionaria.

Por cierto, la expresión “reaccionario” viene de los tiempos de la Revolución Francesa, de las clases que se oponían al nuevo orden y régimen por considerar nocivas sus medidas revolucionarias, como efectivamente se vio.

Sharron Angle, según nos cuenta la prensa progresista, mostró la mayor de las aberraciones al afirmar que el embarazo fruto de una relación de violación era una manifestación de un deseo divino. Y es que sólo los necios se quedan en la superficie de las cosas para arrojar a continuación toda clases de improperios a ritmo y pulso de la mayoría dominante.

Todo embarazo, implica una vida en su interior. Da igual que sea fruto de una experiencia traumática y terrible como es una violación. El hijo que crece en su seno es un ser distinto al progenitor, y por tanto debe ser cuidado y protegido. Y aquel terrible episodio para una persona puede dar algo maravilloso como es una vida humana. Se me objetará desde las filas progresistas que el hijo ahondará en el recuerdo de aquel episodio. No creo que a una mujer se le olvide tamaña experiencia, menos aún cuando media un aborto por medio, al ser pues dos -en lugar de uno- traumáticos sucesos. Desde la óptica cristiana y moral, la llegada al mundo de un nuevo ser es motivo de celebración, nunca de desdicha. Y para los creyentes puede haber algo positivo en medio de un desierto de desesperanza y rencor que desemboque en un oasis y vergel de vida y optimismo. Así deben entenderse las palabras de la ex-candidata; y al menos que se tache al catecismo cristiano de radical, se verá el enorme humanismo de la justificación de la a priori alarmante afirmación.

Judson Phillips considera nefasto que un miembro del Congreso sea de confesión musulmana. Por  suerte la Constitución y la naturaleza americana no discrimina en razón de religión, raza o sexo. Y no cabría una medida así en los EEUU. Sin embargo debemos entender la visión que muchos musulmanes tienen de nuestra civilización y por tanto la retroalimentación que se produce. La destrucción desde dentro es una de sus tácticas, y por tanto este toque de atención debe ser puesto en voz alta, para prevenir desaforadas y desastrosas consecuencias. Romper una democracia y un régimen liberal  desde dentro no es nuevo en la Historia, y la vigilancia ante ello es un deber de todo ciudadano que se preocupe por el bien común, por su Res publica. La frustración de la ciudadanía ante tantos intentos de dinamitar (literalmente) EEUU lleva al recelo y la desconfianza, más para los que se han caído del guindo al ver que el islam no es una religión que promueva la paz. Otra cosa es el uso individual que se pueda adaptar de la doctrina, y por tanto no lo condenaremos a excepción de cualquier agresión de responsabilidad individual (y no de género o de colectividad) en las conductas reprobables y asesinas. Quizá deberían preguntarse qué pueden hacer los musulmanes americanos y moderados del mundo entero por revertir esta visión. Y construir una mega-mezquita al lado del WTC no ayuda demasiado.

La inmigración ilegal es otro de los temas candentes. Aquellos que se rasgan las vestiduras ante la expulsión de los ilegales no dejan de ser unos hipócritas. De hecho el enunciado “ilegal” los deja al descubierto, pues aquello que no es conforme a las leyes conlleva una sanción, y esto es algo que todos suscribimos. Y una posible amnistía no es mala siempre que se hiciera de forma excepcional ante casos excepcionales; de lo contrario se estará dando un mensaje erróneo de que todos pueden colarse a pesar de lo que digan sus consecuentemente leyes en papel mojado. Además la ilegalidad lleva a la exclusión social y ésta a la delincuencia. De ahí que muchos opten por medidas de autodefensa (amparadas además en la Constitución) ante un posible incremento de la delincuencia.

Otros de lo epítetos son simple y llanamente falsos como la acusación de racista, común en la izquierda cuando no se comulga con sus postulados.

En cuanto a la acusaciones vertidas a Obama tildándolo de marxista-socialista, no hace falta adoptar ningún tipo de interpretación por una u otra parte que pueda llevar a error. Los números de la economía están ahí y desvelan su doctrina económica. Quizá el sueño de Obama no sea crear un paraíso socialista, pero sí una democracia recalcitrante y en decadencia al estilo europeo del que por suerte el Viejo Continente va despertando aunque lentamente. La estatalización de la vida económica y social sí es algo radical; algo que no es moderado porque posterga la libertad, y alza cualquier ámbito social a la discreción del Estado. Y sólo es necesario ver la naturaleza de los EEUU, para comprobar que lo que allí se ve socialismo imperdonable, en Europa se aplaude, algo que evidentemente choca a los medios a este lado del charco.

La última cuestión  hace referencia al carácter que tiene EEUU como nación en su fundación. ¡Por supuesto que EEUU es una nación cristiana!, pero no es una nación teológica o declaradamente confesional. El cristianismo fue una constante que se tuvo presente en las deliberaciones de los Padres Fundadores en los albores del nacimiento de EEUU; y atendiendo a la letra del cristianismo de preservar la separación de la Iglesia del Estado fue algo que honró a los alumbradores de la nación al ceñirse a este principio. El sano laicismo de las instituciones choca con el que los dirigentes alérgicos al cristianismo desean imponer a la sociedad. No respetar y pisotear las creencias es algo inadmisible tanto desde el punto de vista de los Padres Fundadores como desde la sensatez que brinda la libertad de conciencia.

Después de todo esto debemos preguntarnos dónde está el radicalismo y la intransigencia. Y debemos ser valientes para afrontar las batallas dialécticas que nos obstaculicen, pues nos harán retroceder tanto que acabaremos reculando sobre nuestras ideas a fuer del silencio de la autoimpuesta mordaza, y acabaremos transigiendo y consistiendo al transmitir de generación en generación tópicos para los que en su día no batallamos.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Las “espinas” del Tea Party: la homosexualidad

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Muchas descalificaciones se han vertido por estos lares de la Europa progresista con respecto al movimiento cívico-espontáneo del Tea Party con epítetos como reaccionarios (de connotación negativa aunque en puridad no lo sea), ultraconservadores, extrema derecha, radicales, etc.

Las mayoría de las veces se ha quedado en eso y no se han entrado a detallar en qué consisten tales políticas radicales. Otras veces caen en contradicción cuando no vergonzosa imagen de lo que entendemos por moderación, cuando asumen la intromisión del Estado en nuestras vidas como postura moderada, obviando la libertad frente al Estado, algo que no desmerece a juicio de la mayoría post-modernista.

Pese a ser un movimiento con unas ideas básicas y centrales como son los valores tradicionales americanos de gobierno limitado, vida comunitaria, merma del Estado leviatán, garantías constitucionales de libertad y cultura religiosa cristiana, hay como en todo, posturas que a priori son anatemizadas por escandalosas debido a la incorrección política: lacra posmoderna devenida en tiranía anestesiante y extremadamente peligrosa por sutil.

Una de las muchas noticias entra a detallar algo más el radicalismo conservador del Tea Party, pero aun a riesgo de caer en la trampa de rebatir ideas que pueden ser minoritarias y que por tanto no reflejen al colectivo del que hablamos, entraremos en su juego para echar de raíz tópicos con los que muchas veces los conservadores no sabemos salir hacia adelante ni defendernos.

Se nos comenta que Christine O´Donnell se ha salido de tono por su postura de que los homosexuales crearon el SIDA. Desconociendo si es verdad o no y en qué contexto lo dijo, lo asumiré. Aunque sea extremadamente políticamente incorrecto, el SIDA irrumpió con fuerza en los años 80 tras la bacanal del movimiento hippie. Yendo más allá de esta argumentación simplista, un conservador de renombre, afamado por su amor a la verdad y la exhaustividad como Paul Johnson, nos dice que podría ser que el organismo hubiera reaccionado de alguna manera ante la práctica no natural de la homosexualidad. De sobra es conocido que los casos mayores se dan entre homosexuales y es una pista  a seguir al rastrear su origen. Evolutivamente hablando el organismo habría así reaccionado ante una práctica que antes estaba contenida o por lo menos no aceptada socialmente y por tanto de alcance más limitado. Ciñéndonos a lo puramente empírico, vemos que los órganos en verdad sufren más desgarros en las prácticas homosexuales que en las heterosexuales. En cualquier caso, el lobby y la presión que supuso el movimiento gay hizo imposible que se siguiera investigando y se extendió un tabú del que por desgracia la ciencia no escapa, algo que no encaja con el saber científico de someter al empirismo aun aquellas materias heréticas para una sociedad.

Con respecto a la homosexualidad en general, no creo que la mayoría de los conservadores esté contra los homosexuales sino contra un comportamiento que se considera acertada, estadística y naturalmente anormal. Las primeras personas que se autoexcluyen son aquellos homosexuales que autodenominan gays haciendo de ello su “condición” y bandera y signo distintivo como algunos hacen con la raza en sintonía con el pensamiento discriminatoriamente positivo. Y son estas personas, los gays (movimiento político, diferente de la homosexualidad) los primeros que se denigran como personas al pretender hacer de su “elección” sexual la vara de medir su persona, al margen de si es es una persona buena o mala, decente o indecente, responsable o alocada, etc. La llamada “condición” pretende por tanto etiquetar y menospreciar su valor como persona, equiparándose a un género y colectivizándose.

Y somos los conservadores los primeros que recelamos intrínsecamente de nuestra intimidad, otorgándole un carácter sagrado en tanto en cuanto nos hacemos respetar manteniendo la privacidad de nuestras conductas. Somos los conservadores los que por tanto damos más valor como personas a los homosexuales porque  no los juzgamos más que por su valía como persona. De ahí a hacer ostentación y ejemplo a seguir de su conducta privada va un trecho; más aún cuando muchos proclaman la elección de la sexualidad como algo que depende de la voluntad, cuando a nadie se le escapa, que nadie quiere en verdad ser homosexual, sino que se convive con ello sin haber devenido de una previa elección que no existe.

El idilio de los homosexuales con el progresismo ha sido ocasionado entre otras cosas, por una prensa y unos medios que han tratado de ofrecer la imagen de que por el hecho de ser homosexuales tienen un “derecho”  al matrimonio, a la adopción y a la equiparación con la institución del matrimonio tradicional, haciéndoles creer que de no ser así se les está discriminando, pretendiendo extender un derecho donde no lo hay.

El movimiento del Tea Party como heterogéneo que es, por la multitud de miembros, unidos sobre unas bases generales, no tiene que ser plenamente uniforme y monocorde. Sus declarados enemigos no diferencian, y etiquetan a todo ello radical, ultra, o intransigente cuando no lo es. Sólo reclama un cierto orden moral y no una anarquía libertina que desestructure la comunidad. Habría que ver dónde queda el virtuoso justo medio aristotélico para ver qué conducta es la radical.

Seguiremos con otros tópicos en posteriores artículos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Cuidado con las ideologías

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Es común cargar las tintas contra las ideologías más mortíferas que han sembrado el campo de muertos en el siglo XX. Sin embargo muchos analistas, parcialmente acertados, han atribuido “su” carácter asesino a las personas que llevaron a cabo y ejecutaron dichas ideas (cosa del todo lógica). Al fin y al cabo Marx habría quedado como alguien que habría desarrollado un particular y desarrollado punto de vista en las relaciones sociales, económicas, dialécticas, e históricas. Su contribución al pensamiento podría haber sido positivo para el debate en todas estas áreas, de no haberse salido del campo puramente teórico.

Sin embargo, sus ideas se implementaron en la práctica de la mano de Lenin trayendo desastrosas consecuencias para la humanidad que aún hoy siguen coleando, no tanto por los regímenes que siguen parcialmente su praxis, sino porque su lenguaje ha cambiado nuestra forma de vida y los conflictos siguen latentes en la mente de muchos, por culpa de la adopción de esta retórica que respalda si no el marxismo puro, sí un aceptable grado de estatismo respaldado por la sociedad por culpa de la influencia cultural de Marx. La contaminación ha llegado tan lejos que sólo es necesario ver el corpus del ámbito académico de las universidades para ver el adoctrinamiento, y por tanto la nocividad instalada e institucionalizada, aún hoy, tras 20 años de la caída y derrumbe del ideario socialista, mutando y transformándose en multitud de movimientos de corte todos ellos estatistas.

Por contra, la ideología fascista es residual por más que desde la izquierda se vocifere y descalifique con este epíteto a todos aquellos que no comulgan con sus ideas más radicales. Y dentro del fascismo habría que diferenciar el grado tan distinto que tuvieron el régimen mussoliniano y el nazi, para darnos cuenta de que muchas de las ideas que se propugnan desde la izquierda se llevaron a la práctica en la Italia de Mussolini, y en muchos aspectos el nivel de injerencia en el individuo palidecía frente al sufrido hoy bajo una mal entendida modernidad.

Más allá de todo esto, lo nocivo de las ideologías es su carácter absolutista y totalmente integrador; fundamentalista como gusta de tachar hoy día a grupos que carecen de ello, como cristianos devotos y judíos ortodoxos, equiparándolos al fundamentalismo islámico. Pues debemos recordar que en puridad la ideología es excluyente, y por tanto en un sentido el liberalismo carece del rango de ideología.

Pero lo que hace que la ideología sea nefasta per se, a pesar de que la responsabilidad recaiga exclusivamente en la personas que la llevan a la práctica, es que ofrecen un marco en el que las personas pierden su humanidad. La interiorización del marxismo-leninismo o el nazismo trajo consigo el desprendimiento del carácter humanitario de las personas. Al formar parte esas ideas de nuestra conciencia, nos embrutecemos e infra-humanizamos a nuestros semejantes. Por eso la ideología no es sinónimo de vacuidad.

Es por tanto por lo que debemos estar alertas para que ese proceso por el cual adoptamos e interiorizamos y justificamos una idea, no incube y degenere en deshumanización. Y aunque no sea permisible prohibir un corpus ideológico debemos perseguirlo cuando hostigue en forma de apología y promueva, en consecuencia, la eliminación de nuestros semejantes, o enaltezcan a las personas que realizan tales acciones bajo el nombre de movimientos liberalizadores (terroristas) o revolucionarios por muy a priori inocuas e incluso bienintencionadas que parezcan sus metas, como suele hacerse en nombre de la mal llamada “justicia social”, para la “eliminación de la opresión de los pueblos del yugo capitalista”, no siendo sólo simples palabras que por desgracia nos suenan bastante, y todavía hoy se usan en muchas partes del mundo.

lunes, 25 de octubre de 2010

¿Matar a Ahmadineyad?

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Con la visita de Ahmadineyad al Líbano para estrechar aún más los lazos con un Estado en el que la influencia iraní va ganando terreno a través de Hezbolá, un diputado israelí sacó el tema de la conveniencia de matar al dirigente iraní, si era factible, cuando se acercara a la frontera con Israel; y aunque sea políticamente incorrecto, el tema del magnicidio-tiranicidio está legitimado por la ley natural.

Otra cosa es si una acción así no sería contraproducente diplomáticamente, pues hasta las voces moderadas de Occidente lo condenarían y se justificarían a los ojos de radicales y moderados todas las acciones que se realizaran contra Israel aun cuando éstas abarcaran un amplio espectro en el que el terrorismo fuera una de ellas, pues la acción del magnicidio estaría enfocada como terrorismo de Estado (no siendo verdad) y en consecuencia se abriría la veda y el camino en todo el orbe al asedio y aislamiento de Israel, y aumentaría la legitimidad de los grupos terroristas centrados en el campo sionista. Se perdería, a vista de la mayoría, el rango de Estado de Derecho y por tanto el ya consagrado principio con el que muchos despachan el conflicto árabe-israelí, de “ojo por ojo”, alcanzaría nuevas fronteras. Lo cual no deja de ser, como siempre pasa con el Estado hebreo, todo un ejercicio de cinismo e hipocresía al juzgar con un rasero distinto a Israel (bien sea por antisemitismo bien por el aura palestino de pueblo oprimido por la maquinaría israelí y que por tanto los palestinos no les queda otra que recurrir al conflicto asimétrico del terrorismo) aun cuando a nosotros nos ha tocado luchar tras el 11-s con el yihadismo de alcance y metas mundiales; lo mismo que había padecido y padece el estado judío desde su creación.

Por el lado de la practicidad, acabar con Ahmadineyad no solucionaría nada, pues el régimen está controlado por el Consejo de los Ayatolás y de éstos depende el cariz que tome la política en un determinado momento, siendo más “moderado” como durante Jatamí o bien más duro e intransigente como sucede ahora, pero siempre todo dentro del rango radical de los ayatolás. Y aunque el divorcio sea patente entre sociedad y dirigentes por la creciente oposición de amplias capas de la sociedad iraní a sus dirigentes (algo que ha provocado alteraciones y fraudes electorales en favor del núcleo más duro), un ataque de esta envergadura desplazaría a los menos comprometidos al cambio. Además  no debemos desdeñar el otro gran puntal de Irán: la cada vez más influyente Guardia Revolucionaria, cuerpo de elite pretoriana que está adquiriendo cada vez más poder,  y que aunque depende del Consejo, su influencia se está extendiendo.

Cuando el diputado aludió a que la eliminación de Hitler podría haber evitado la Segunda Guerra Mundial no tuvo en cuenta sin embargo, al realizar la analogía, que el régimen nazi descansaba en la figura del fürherprinzip y que por tanto su extrapolación, a pesar de su buen análisis de que sin Hitler ( aun cuando la sociedad alemana estuviera ya cargada con peligrosas semillas en las que germinó y catalizó Hitler) no hubiera habido guerra, no se da en Irán como hemos visto.

El camino para acabar a largo plazo con el régimen teocrático pasa por su estrangulamiento financiero, y su aislamiento con efectivas y duras sanciones; con la destrucción por vía militar de sus instalaciones nucleares y con el apoyo activo y sin complejos a la disidencia iraní de carácter pro-occidental fruto de ser una sociedad relativamente moderna, educada y con un grado alto de civismo.

domingo, 17 de octubre de 2010

¡Más flotillas, es la guerra!

cuchillos01  Así iba la flotilla de la paz

A punto de concluir sin éxito las negociaciones de paz, los ataques contra Israel se multiplican por doquier.

Hace unos días Ahmadineyad llegó a Líbano para estrechar lazos con el régimen oficial y sobre todo con el paraestatal de Hezbolá al que financia de forma ostensible. Además se desplazó hasta la frontera con Israel en un acto de provocación y de cuasi guerra porque su presencia siempre va acompañada de incendiarias,  genocidas y manifiestas intenciones. Declaraciones para vergüenza de toda la comunidad internacional decente presente en la ignominiosa asamblea de la ONU, en la que se tuvieron que oír barbaridades sobre el 11-S, y ante las que por lo menos se protestó mediante el gesto de levantarse ante el discurso de Ahmadineyad en un lugar en el que al parecer todos pueden decir hasta las barbaridades más abyectas y exhortaciones más provocativas. Arafat y Kruschev fueron un precedente y ejemplo a seguir por todos los tiranos que aún quedan, como cuando también subió Chávez a la tribuna arremetiendo contra Bush y su “olor a azufre”.

Por otro de los flancos veremos la reacción de los “moderados” nacionalistas de la ANP y de su Al Fatah cuando las conversaciones queden en otro intento unilateral por resolver el conflicto, pero que sirve como escenario de un teatro de representación palestino ante el mundo en su presunta pretensión de un Estado propio, cuando lo que en realidad le interesa sólo es acabar con Israel. Y entonces sí querrán un Estado en el solar vacío que antes ocupara Israel, aunque habría que ver si antes no se matan entre ellos.

Y precisamente de Gaza, o más bien Hamastán, viene el otro flanco. A sus ignorados y subestimados, por el occidentalismo, lanzamientos de todo tipo de cohetes y demás acciones asesinas y terroristas, se suma el incasable apoyo que ofrece la propaganda sirviendo de buen aliado con vistas al desgaste del Estado judío (algo que en los últimos días aparentemente ha escocido bastante a los dirigentes palestinos, pues de sobra se sabe que la identidad del pueblo de Israel es eminentemente judía y así debe ser como respuesta sobre todo por su casi extinción con la Shoá; carácter que sin embargo no niega la ciudadanía a nadie, además de ser el único país del mundo que no tienen derecho a expresar y que se le reconozca su identidad y dimensión judía por lo concerniente a su religión- cultura-historia sin ser por ello atacado y condenado.

Las flotillas por llegar, entre ellas españolas, sólo sirven a la propaganda y son unos de los muchos medios que desde el lado soft pretenden contribuir al descrédito internacional de Israel. Existen cauces de sobra para hacer llegar a Gaza de cuanta ayuda se quiera, pasando claro los controles israelíes con vistas a evitar llevar armas camufladas (algo que le llega desde los innumerables túneles que lo conectan con Egipto). Pero lo que se busca es la visualización mediática, su puesta en escena de una exposición torticera de los hechos basados en una supuesta represión al que se somete a Gaza, curiosamente no del cándido lado de Hamas ,sino de la opresiva y tiránica Israel.

Y es que a pesar de que quedó del todo claro el caso de la  primera flotilla, la Mavi Marvara, en que iban con armas y que se tomaron las debidas diligencias y precauciones a pesar del trágico final en el que un caso así desemboca, las pseudo-comisiones de DDHH de la ONU han condenado como era de esperar al país hebreo con su correspondiente resonancia mediática. Es más las autoridades israelíes son suficientes para aclarar los hechos como así está aconteciendo. Y en virtud de una verdadera justicia, algo de lo que carecen sus enemigos al distorsionar por completo la verdad.

 


miércoles, 13 de octubre de 2010

Desencuentros en el Proceso de Paz: diplomáticos farsantes

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Cuando va dando las últimas bocanadas de aire el moribundo y enésimo proceso de paz entre israelíes y palestinos  por la excusa, por lado palestino, de la prolongación de la moratoria de los asentamientos en Cisjordania, hay elementos paralelos significativos que son dignos de reseñar y que erosionan parcialmente el grueso del proceso.

Lieberman, aparentemente extraoficialmente y sin perder un ápice de razón, ha instado a los europeos, especialmente al Ministro de Exteriores español Miguel Ángel Moratinos, a que antes de dar lecciones resuelvan sus propios asuntos tanto en la propia Europa como más allá, y ha observado que el ese interés que se muestra parece ser una forma de compensar sus fracasos en otros ámbitos de la actualidad internacional.

Asimismo y por añadidura a lo dicho por Lieberman –defenestrado en la prensa de ultraderechista, más que Netanyahu- podemos señalar, cuando alude a la cesión de Checoslovaquia que los europeos hicieron a Hitler extrapolando el caso a la actualidad de entregar la seguridad de Israel, que parece ser que estos mismos europeos andan con cierto resentimiento  de culpa inconsciente-colectivo por aquella mancha en su Historia,  y por tanto tratando de dar lecciones a un pueblo que ha aprendido demasiado en su atribulada historia; y cuya principal lección vino derivada de esa cesión que dio luz verde a la confianza de Hitler en la inacción de los europeos cuando comenzara su Anschluss.

Porque más que apoyar, lo que pretenden muchos “diplomáticos” es erosionar la democracia israelí. Moratinos el gran valedor, altavoz y resorte de los árabes en su representación en las instituciones occidentales y diversos Foros, quizá sea su mayor y grosero ejemplo de falta de tacto diplomático, al respaldar a lo peorcito de la clase dirigente mundial, pues los intentos de relajación de las políticas de las instituciones europeas hacia la Cuba de Castro son inagotables en su persona y actitud. Y es que este personaje es el primero en saltarse más que los cauces diplomáticos su fondo: alguien que aspire a mediar no se posiciona tan descaradamente del lado de los radicales y extremistas con declaraciones de sonrojo a la decencia. Porque exigir compromisos imposibles de cumplir es el equivalente a la intransigencia en la mutua cesión negociadora y en consecuencia lo que entraña es puro activismo radical.

Las concesiones infinitas al lado palestino tuvieron su mayor culminación en las conversaciones de Camp David de 2000 entre Barak y el difunto y nefasto Arafat. De allí se sacó una valiosa lección: los dirigentes palestinos no quieren un Estado que los meta en la senda de la responsabilidad sino que su lucha está en el desgaste de la democracia israelí mientras se disfruta de prebendas y favores internacionales y árabes en un macabro juego en el que árabes y palestinos se usan mutuamente como reivindicación propagandística para el desgaste de Israel.

Las últimas declaraciones del lado palestino apuntan a que EEUU reconozca el Estado palestino con fronteras anteriores a las de 1967, algo suicida para el Estado judío. Además de afirmar que nunca reconocerán a Israel, declaraciones más propias de Hamas que de la ANP (por lo menos de la de Abbas que no de la OLP de Arafat). Por eso esos ignominiosos resortes y apoyos de estos pseudo diplomáticos sirviendo cobertura legal, de estatus, mediática, y de portavocía, convierten a estos diplomáticos en conversos activistas transformándolos en punta de lanza y avanzadilla del campo y las posturas radicales. El  falso revestimiento de actividad política del que se cubren sólo persigue confundir a la opinión pública para satisfacer oscuras ideologías que se hacen casi inexplicables en personas que representan a priori a democracias occidentales.

Y es que para el que el proceso se llevara por buen cauce bastaría con ver buena voluntad del campo palestino (a qué vienen las consultas con los árabes pues cada uno de ellos ya tiene su Estado). Los asentamientos y su posterior desmantelamiento nunca han sido problema (como se vio en Gaza, con desastrosas consecuencias al comprobar la ingobernabilidad palestina cuando cayó en manos de los aún más extremistas de Hamas) sino otra excusa más a añadir como pueden ser el estatus de Jerusalén, o el retorno de los refugiados. Un canje de territorios en el que se asegurara la seguridad israelí por geoestrategia, aun cuando formara un extraño puzzle fronterizo, es el camino de la solución del problema, aunque más bien ésta se encuentra en la voluntad que le falta a una de las partes y que con todo tipo de gobiernos israelíes ha fracasado, algo que le deja en evidencia.

lunes, 11 de octubre de 2010

No a la legalización de las drogas (II)

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La lista de argumentos que esgrimen los defensores de la legalización, continúa la senda mecanicista, de supuestas causas-efectos como una función matemática, que además resultan ser falsas. Y se obvian los elementos humanos de semejante suicidio colectivo.

Uno de los argumentos más empleados es el que atañe al coste de la lucha contra las drogas y los grandes recursos destinados a ello. Dejando de lado citar cifras pues son fácilmente falseables y tendenciosas por uno u otro bando, es indudable que los costes mayores del Estado del Bienestar son los relativos al coste de la sanidad y la seguridad social (ámbitos laborales y de “protección social”), por tanto no compensaría  por la reducción del combate que las fuerzas del Estado desempeñan.

Los apologistas claman contra el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida en lenguaje similar a la izquierda en términos de expansión del imperialismo, confundiendo, intencionadamente o no, sus fines y objetivos.

Olvidan que porque la lucha contra una actividad criminal no dé los frutos deseados, ésta no debe cambiar de naturaleza para acabar con el problema. La lucha contra las drogas en el ámbito legal, policíaco, y militar, es un frente abierto contra la criminalidad que nunca se acabará. Siempre habrá gente que trafique con una u otra cosa, del mismo modo que siempre habrá asesinos y ladrones, y no por eso para acabar con el problema decidimos legalizar esas acciones. Y nunca las políticas laxas contra el crimen han resuelto sino que han reforzado a la criminalidad.

Es obvio que si cambiamos el estatus legal, la lucha en este campo cambiará al ser algo aceptable y tolerado social y legalmente, pero esto no es argumento plausible debido a su tautología. Se me objetará que no hay crimen porque la legalización supone una mayor cuota de libertad, pero es indudable, aludiendo a la concepción humana,  que aquello que destroce nuestros cuerpos, mentes y relaciones sociales y en definitiva a la persona, no puede entrañar libertad.

La diferencia en la intencionalidad y la voluntariedad queda anulada por el efecto alterador de las drogas, y  la línea entre obligar e inducir con un arma tan poderosa como la que procura la acción narcótica es débil, quedando a merced de la voluntariedad del Estado más que del individuo; un Estado que se ampararía en las supuestas virtudes positivistas y aparentemente verídicas cualidades de la causística mecánica: olvidar el componente humano es el primer paso al totalitarismo al desdeñar la dimensión del hombre, su familia y su entorno.

Este debate queda indudablemente ligado al del suicidio, y es que si efectivamente matar a una persona es un crimen, matarse uno mismo refleja el mismo comportamiento aniquilatorio aunque los libertarios exclamen que la diferencia fundamental es la intromisión en lo ajeno, lo cual refleja un individualismo atroz y que todo lo relativiza y lo cede al arbitrio de una capacidad mermada que no encuentra resortes morales cimentados, sino que hace de cada existencia un reseteado que no ofrece continuidad social.

Al margen de todo ello y volviendo al ámbito que más gusta a sus defensores, pocos se pondrán de acuerdo en los límites a establecer; algunos hablan de limitar el consumo de una determinada sustancia, o de regular ciertos establecimientos, así como edades, pero ¿siguiendo su traza argumental, ¿Por qué no una libertad de consumo total? ¿O sería una nueva tarea a añadir a las competencia legislativas de nuestros representantes?, ¿Dejaríamos esta esfera tan vital, en sus manos? ¿No crecería más el Estado?, ¿Qué impuestos se habrían de establecer para sufragar la sanidad? ¿O tampoco querríamos impuestos para sufragar el mayor coste sanitario? ¿Sería el todopoderoso Estado competidor de los cárteles ahora legales hasta que con su fuerza los aplastara para ocupar a renglón seguido sus funciones y actuación monopolística? ¿O creemos que la iniciativa privada de todo el proceso actuaría libremente sin injerencias estatales como en apariencia lo hace con el tabaco? ¿Dejaría de existir el mercado negro?…

Demasiados interrogantes de difícil solución cuando jugamos con algo que se nos puede escapara de las manos, y sobre todo irreversible, pues quitar al pueblo su opio sería imposible. Y es que no todo es “probémoslo, y si no funciona volvemos al estatus anterior”, pues algo que se emprende de ese calibre difícil tiene dar la vuelta.

Otros sólo quieren despenalizar el uso de cannabis para tratamiento médico mezclando en el debate el ámbito curativo, algo que ofrece una mayor solución: no estoy en contra del uso terapéutico siempre que esté llevado a cabo por médicos, pero entiendo la fácil deriva del uso lícito al ilícito y por tanto las precauciones a tomar deben ser emprendidas con rigor. Y de sobra queda refutado por el sentido común, la afirmación de la inocuidad del cannabis en contraposición al tabaco, pues el efecto multiplicador que se da, además de la nocividad intrínseca es algo demostrado excepto a los ojos de los que no quieren ver y que viven en la nube y la estela del movimiento hippie.

Y hablando de drogas legales, quizá no quedó del todo claro en el anterior artículo mi postura con respecto al tema del alcohol. No abogo por su ilegalización porque el alcohol puede consumirse a pequeñas y saludables dosis, además de formar parte del acervo cultural del hombre. La Ley Seca debe quedar como un experimento que no funcionó y que se hizo de buena intención. Y aunque es difícil imaginar hoy día a gente con escondidos alambiques, la producción del alcohol es tan natural que carece de sentido su prohibición aun cuando su resultado fuera quizá positivo en términos de salud pública. Pero así como condenamos el mecanicismo  de los argumentos legalizantes también lo es la búsqueda de la salubridad social dejando de lado lo cotidiano y lo cercano en aras de un bien mayor sin importar las decisiones más básicas de la sociedad.

Por último recordar el nulo efecto disuasorio de las leyes para establecer el orden social cuando se combina con estupefacientes, y por tanto el amplio camino despejado a la vulnerabilidad de terceros, algo que desde luego nadie tolera.

domingo, 26 de septiembre de 2010

No a la legalización de las drogas

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Los apologistas de la legalización de las drogas ignoran, o por lo menos lo reducen todo a una simple secuencia mecanicista de la realidad argumentando sobre bases económicas y legales, amén de un utopismo de la libertad, que más bien deviene en todo caso en libertinaje infantil.

Olvidan el riesgo que para, no sólo la salud implica, sino para la sociedad conlleva. Y no me refiero a colectivismos ni pretendo decir a nadie lo que debe o no consumir, como no asumo que el Estado interfiera en lo que comemos. Pero el tema de las drogas no es equiparable pues el efecto que éstas producen sobre nuestra psique es tal, por ser un alterador de la consciencia, que se contagia como un mal por toda la sociedad. El uso de sustancias dopantes en el deporte por ejemplo, no me parece más censurable que el que la ética deportiva impone (aunque el deporte profesional es de todo menos saludable por el uso intensivo de sustancias así como de la extenuación  física). Pero los alteradores de consciencia sí me parecen condenables del todo.

Cualquiera que crea que por tomar drogas es más libre, es un iluso. La pérdida de voluntad que se produce no sólo inmediatamente sino secuencialmente en el tiempo hacen que dejemos de adoptar la “decisión” como fenómeno que se da antes de iniciar un acto. La adicción intrínseca que generan las drogas fuertes por tanto, nubla o anula por completo nuestra capacidad no sólo mental sino de elección posterior,  haciéndonos esclavos de las sustancias. Se me dirá que la libertad implica eso, pero más allá de teorizaciones ajenas al mundo real, la verdad es que no he visto a nadie que actúe libremente cuando toma drogas. Algo tan destructivo no puede formar parte del acervo de la libertad.

Nos quejamos constantemente de la idiotez de las masas, de su escasa capacidad frente a la farsa de la ideología colectivista y políticamente correcta, pero a su vez proponen los libertarios la despenalización como un triunfo en la consecución de la libertad.

Cualquiera puede ver cómo un sábado los jóvenes, y los no tanto, escapan de la lógica  y el raciocinio, y se entregan a la brutalidad más baja sin ser conscientes de sus actos. Si precisamente la libertad acarrea la asunción de las consecuencias, la droga altera por completo la ecuación. De hecho en los códigos penales el atenuante por el uso de sustancias alivia la pena al considerar este factor. Creo que además de ser esto un error, pues da pie a numerosas farsas, el que toma una droga debe o debería saber que su conducta se verá alterada y que puede realizar cosas que de otra forma no llevaría a cabo o por lo menos no en una escala tan alta.

Otra de las consecuencias son las muertes que se producen en carretera, que si ya son una catástrofe por culpa del alcohol, ni imaginar lo que serían con sustancias aún más nocivas y distorsionadoras de la realidad. Los libertarios llaman a esto crímenes sin víctima, pero el grado de tentativa  de homicidio por temeridad o imprudencia no es algo desdeñable.

Con todo, los peores efectos de la legalización se producen en el ámbito de la familia. El núcleo central de la sociedad, y su institución más fuerte, aseguradora y que da sentido a la existencia del hombre en la sociedad por constituir el entorno más confiado de la existencia humana. El grado de desestructuración y desintegración que conllevaría una medida así sería nocivamente mayor. Los efectos de ello los vemos a diario y degenera en exclusión social y marginalidad. Cualquiera puede observar, si está libre de los clichés progresistas, que las drogas y especialmente el alcohol (uso el ejemplo de droga legal que distorsiona la voluntad) son la causa, en un porcentaje amplio, de los indigentes que pululan como almas en pena por nuestras ciudades, carentes del resorte familiar. Y aunque el restante porcentaje puede atribuirse a las enfermedades mentales, congénitas o adquiridas, la interrelación entre drogas-desvinculación familiar-marginalidad es tan estrecha que es difícil saber cuál es la causa de cada una de ellas convirtiéndose en un peligroso y letal círculo.

La exclusión que las drogas los encalla, los incapacita para desempeñar cualquier trabajo o relación laboral, además de convertirlos en seres que se refugian en su soledad aun cuando se les da cobijo y medios. E incluso cuando la pobreza más indigente encuentre su causa en la situación económica no son pocos los que abrazan el camino de la evasión, lo cual los incapacita para una posterior reinserción.  El grado de enfermedad que los postra sin alternativa genera estas bolsas de marginalidad que son un verdadero problema de difícil solución y al que agravaría a medio y largo plazo la legalización.

Y es que si los libertarios quieren más libertad, tendrán que asumir cómo se puede hacer frente a este problema, que traería consigo además (eso del consumo moderado y consciente no es creíble, pues lo que distingue la droga es el elemento adictivo que posee) el crecimiento aún mayor del Estado que se hiciera cargo de una sociedad zombie, hipnotizada y carente de voluntad.

Sé que puedo estar cayendo en el catastrofismo más exagerado pero no veo de qué otra forma puede influir en la sociedad si se legalizaran la cocaína, la heroína, las anfetaminas, el cannabis y otras muchas. Y sé que hay alternativas como la beneficencia social privada, pero es evidente que a más drogas, más marginalidad.

Se me podrá objetar que aparte de acabar con las mafias, las drogas estarían menos adulteradas y que no necesariamente crecería el número de adictos. No lo creo. Por el simple motivo que se estaría transmitiendo el mensaje implícito de que al ser legal no sería tan nocivo, por mucho que nos lo advirtiera el Estado, los médicos, o quien sea. Además, a un nivel de mayor accesibilidad al consumidor sin caer en la incursión de un delito, el consumo crecería considerablemente.

Es difícil ver o creer en una persona que se toma su droga, la disfruta, y al día siguiente se levanta a trabajar como si nada. Los efectos a añadir, por tanto, también en este ámbito se harían notar. Nadie creería que la capacidad productiva fuese, no mayor como cabe esperar con la evolución de los tiempos, sino igual a la actual. Ello redundaría en una sociedad más pobre, que debería sin embargo asumir un coste mayor para cuidad su salud. Y eso suponiendo que tuviéramos la libertad en el tema de la sanidad, que si fuera el Estado el que tuviera que asumir su coste el panorama sería el de una eutanasia pasiva social y colectiva, de constante y adormilada acción. Esos son sus costes derivados.

En vez de vivir en mundos psicodélicos, deberíamos buscar una sociedad más viva, despierta, sin merma de sus facultades, y que tenga la excelencia por meta. No es caer en utopismos, sino simplemente no entorpecer más la vida con acciones nocivas como sería la despenalización. Y menos aún busco un dirigismo que nos haga perfectos; eso sería totalitario. Se trata de que cada uno desde la individualidad y a través de esa gran red que es la familia, busque la mejora como persona en su ámbito moral y social. La forma de interactuar con los demás sirviéndoles, como hacemos al interactuar ahora. La autosuficiencia y la adultez es incompatible con la despenalización de esas sustancias que a pesar de que estén en la naturaleza, debe hacerse un buen uso de ellas. La naturaleza nos da las herramientas y nosotros con la libertad (esta sí) decidimos si lo queremos emplear en el bien como la cura de enfermedades, o el mal, la degradación de nuestra moral y espíritu. La enajenación tanto mental como social es otro obstáculo en la madurez del ser humano.

La evasión de los problemas y de la realidad para buscar consuelo en lo artificial, mermará nuestra riqueza humana además de generar podredumbre en las relaciones sociales.

En consecuencia niego que seamos con las drogas, o con la “capacidad” de elegir, más libres.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¿Cuál es el verdadero Castro?

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Suele decirse , quizá por la influencia que Freud ha ejercido sobre nuestra cultura, que las primeras impresiones/opiniones son las que cuentan. Y creo que esto es aplicable a las últimas declaraciones del anciano habanero tras su reincorporación a la vida pública.

Varias son las declaraciones que ha hecho en las últimas semanas; algunas de ellas han encontrado más eco mientras que tras han pasado mas desapercibidas, pero de lo que no cabe duda es que el longevo dictador siempre dice lo que piensa, siendo ésa una de sus cualidades junto a su carisma populista con su gracejo acento caribeño, que quizá más admiran sus devotos seguidores.

Las declaraciones que más han llamado la atención han sido las relativas a la viabilidad del régimen cubano. En un primer momento Fidel aseguró que el régimen ya no servía. Días después se contradijo y reculó alegando errores de traducción algo que no se sostiene a poco que se lean las declaraciones y al rango inequívoco de lo que se pudo haber querido decir. La razón para este viraje, más bien se halle en que él no es quién está al mando de Cuba ahora mismo y no debe contrariarlo. Error sin embargo es menospreciar su figura pues su influencia es todavía enorme (diría que Raúl es un títere), y su hermano no deja de ser una mala pécora sin carisma que siempre ha estado a su sombra.

Y la evidencia más palpable de la necesidad de reformas de gran calado, aunque públicamente el régimen no se apee, puede encontrarse con las últimas noticias que nos llegan de la isla sobre la reducción de medio millón de empleos públicos para el año que viene. Cuba se ahoga y necesita tomar un camino nuevo. Quizá sea pronto para averiguar cuál será el sino que tome; si algo parecido a China (aunque difícil esta opción pues el tejido social-productivo no tiene nada que ver), pero en líneas generales puede ser un cambio que busque implantar la iniciativa privada, a pesar de que el Politburó siga dirigiendo la vida de sus súbditos, y relegando el comunismo a un papel político, aunque sea evidente que las esferas económica y política al final se traspasan.

Del Fidel que ha criticado parcialmente el régimen, podemos preguntarnos si sabiéndose que estas declaraciones iban a salir a la luz, por qué las dijo. Evidentemente es un viejo zorro que sabe que con la retractación dice sin decir; de esta manera expresa su postura pero no se contraría contra las críticas que puedan surgir en el Buró.

Y creo que Fidel creía lo que decía cuando afirmó que los judíos eran los chivos expiatorios de la humanidad, quizá debido a las acusaciones de deicidio que siempre han recaído sobre ellos. Son de agradecer esas palabras, que no dejan de ser verdad por más que vengan del paladín de la izquierda.

Asimismo tiene razón cuando afirma que Irán no va a renunciar al arma nuclear aunque desbarra cuando dice que la región estará mejor si Israel renuncia a las suyas, a la vez que aboga como Obama, por la eliminación de este armamento de la faz de la Tierra; algo imposible (porque no se puede deshacer una idea), infantil, y contraproducente por las vidas que han salvado las armas atómicas (la mayor parte de las veces por disuasión) en manos de los regímenes liberales occidentales (excepción de ello es la URSS, pero quedó mitigada su amenaza por la doctrina MAD).

Parece que el mensaje que Fidel lanza sobre los homosexuales también vaya dirigido a Irán. Dice arrepentirse (¡a buenas horas!) de las persecuciones que se han llevado a cabo en la isla, de las cuales a pesar de todo la progresía ha hecho la vista gorda y lo ha elevado al atar de héroe de la izquierda junto al chabacano homófobo Che Guevara. Quizá sea cosa de mímesis ideológica, y que  por tanto algo se le pegue del progresismo libertino y sin valores. Y en consecuencia, seguro que tras estas declaraciones de “arrepentimiento” gana más adeptos si cabe entre las filas de la izquierda más chic y snob. Pero su simbiosis con el progresismo parece ir un poco más allá, lo que nos hace dudar que haya sido el tema de los homosexuales un simple y anecdótico acto purgatorio de culpa.

Su apoyo a Wikileaks por la filtración de datos comprometedores relativos a la guerra de Afganistán bien puede deberse además de su odio visceral y primario a América, a ese buenismo que en nombre de la libertad de expresión, y a través de la pérfida  utilización de ésta lo desvirtúa, oculta un profundo deseo de aniquilación y derrota de todo lo que representa EEUU. La dominación soviética de la que Castro es deudor ideológico y práctico no es antagónica de lo que despectivamente llama Fidel “imperialismo”, como hacen otros cachorros como Chomsky. Condenar Fidel las prácticas imperialistas va más en la línea del progresismo postmoderno que ha evolucionado desde las rancias posturas comunistas hacia la nada sutil dominación ideológica por la nueva izquierda. Un guiño que se adecúa a la postura que toma del asunto de los gitanos  rumanos de Francia arremetiendo contra Sarkozy, precisamente él, que pese a “arrepentirse” (más bien por cuestiones prácticas como él aduce al hablar de la tensión de aquellos años, lo cual suena a excusa barata) condenó a personas por una cuestión de identidad sexual, y que por tanto nada tiene que ver con las legales medidas adoptadas por el Elíseo.

Todo este conjunto de manifestaciones pueden responder por tanto a cuestiones de índole práctica-realista, y de fusión con sus evolutivos retoños progresistas, y por tanto, de interiorización de sus tesis. Pero de lo que estamos seguros es de que Fidel siempre dice lo que piensa, sobre todo ahora libre en apariencia del ejercicio del poder .

jueves, 16 de septiembre de 2010

No hay choque de extremismos

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El 11 de Septiembre del 2010 será recordado como el aniversario con tensiones culturales-religiosas . Curioso que hayan tardado tanto tiempo los americanos en sacar su odio hacia el islam y su fanatismo cristiano, y que mira tú por dónde ha coincido con la decisión de levantar una mezquita al lado del WTC donde se situaban las Torres Gemelas derribadas. No hay que ser un lumbreras para ver la causa-efecto de todo este asunto, aunque la prensa progresista siga tildando despectiva y estereotipadamente de ultraconservadores o radicales fanáticos a los cristianos más firmes o a la gente opositora en general al mezquino proyecto.

Cualquier sociedad que hubiera padecido un ataque similar habría “estallado” de esa forma. Es más, los americanos lo han hecho muy civilizadamente habida cuenta de los escasos “incidentes” de entidad menor, para nada xenófobos o racistas, pero que sin embargo  pretenden colar como intransigencia y fanatismo comparable a los de los islamistas más radicales. Apartado éste que, por supuesto, no engloba a la Iniciativa Córdoba, pues sus objetivos son tender puentes y el diálogo, amén de actividades lúdicas en pro de la comunidad; todo muy inocuo. ¡Pues faltaría más que en suelo estadounidense (o cualquiera occidental) dijeran que pretenden el adoctrinamiento sin que tuviera ninguna consecuencia!.

En todo este asunto parece que también los tiempos están en cierta forma medidos, pues a nadie se le ocurriría la idea de la mezquita a los pocos años de haberse producido el ataque, cuando más reciente está la herida. Quizá sea una casualidad, pero el islamismo pocas veces deja cosas al azar o ajenas a sus designios si puede intervenir.

Por tanto el enfado, enojo, exasperación, o como mejor se quiera adjetivar, que se ha reflejado en la intención y en los contados casos de quema del Corán, son una reacción lógica de tantos agravios sufridos.  Hechos contra los que Obama no objeta lo más mínimo, siendo complaciente a toda clase de injurias y mostrándose servil como dejó de manifiesto con su discurso en El Cairo como directriz de sus intenciones en política exterior con el mundo musulmán.

Una diferencia sustancial entre ambos “integrismos” y crucial ha sido que el pastor Jones finalmente no hizo lo que dijo que iba a hacer. Cualquier islamista habría sido capaz de resistir cualquier tipo de presión y por tanto habría seguido adelante. Sus amenazas cuando no llegan a materializarse se deben a la incapacidad para llevarlas a cabo, no a que su voluntad se haya debilitado o templado. Y ésta no es una diferencia nimia, pues entre el acto y su intento existe una distancia abismal, tan extensa como la que existe entre el ser y el no ser.

La intención de Jones por más que sea un acto simbólico, estéril materialmente, y sobre todo contraproducente en la lucha contra el yihadismo, es un acto de rebeldía ante las ofensas que nos dirige el islamismo, y que por acumulación esa rebeldía se extendió los días en torno al 11 de septiembre. Aunque tampoco es fruto de un acaloramiento pasajero, pues conocemos lo que el texto coránico como sus hadices contienen, y que son el reflejo de una mentalidad impositiva, guerrera y conquistadora de la que los más ortodoxos no se han desprendido. Y es que no hacen falta fatwas que conminen a la yihad. Todo está en sus textos; de ahí la reacción contra ellos.

Po el lado contrario hemos visto que las reacciones de los musulmanes denotan que todavía no han dado el salto al civismo. Por más que nos disguste un acto tan feo como es la quema de un texto en el que se basan las creencias de tantos millones de personas, una civilización no monta en cólera como han hecho y hacen en diversas partes del mundo cada vez que se pone en entredicho cualquier aspecto o se satiriza sobre su profeta. Claro, que todo esto ha surgido en nuestras sociedades por el impacto del 11-s que nos llevó a indagar qué había pasado y qué había detrás.

Lo cual no quiere decir que no nos molesten actos obscenos y poco decorosos e irrespetuosos. La disimilitud que existe entre la indignación por la quema de un texto sagrado y su indiferencia es pareja, representativa y correlativa de una sociedad laica pero con valores a otra nihilista y hedonista. América cuadra más con la primera, mientras que el otro gran puntal de Occidente, Europa, lo es más del segundo. De ahí también el “atrevimiento” de la primera por concienciación frente a la sumisión, cobardía  e infravaloración del Viejo Continente. Porque tan fuerte es esta presión sobre nosotros y tan influidos estamos por el multiculturalismo progresista y el buenismo, que nos hemos convertido en cautivos y rehenes, por el miedo emanado por nuestra corrección política a través, del arma totalitaria más fuerte, por sutil, y sobre todo eficaz: la autocensura.

Es cierto que hay diferentes formas de conducta y de ver el islam, pero el cómputo en general es que se trata de una religión que todavía no ha asumido la libertad como bien más supremo y que entra en cólera en diversos grados cada vez que se cuestiona algo relativo a su religión. De hecho el pastor Jones ha recibido cientos de amenazas de muerte mientras que todavía no hemos oído ninguna contra Faisal.

Y del episodio de las quemas del Corán ha podido parecer que han salido victoriosos para su causa ideológica los islamistas al socavar uno de los baluartes y pilares de Occidente, un bastión moral que es lo que nos hace fuertes y legítimos, la libertad. No hemos caído en su trampa como dicen algunos, simplemente nos hemos hastiado de que nos tomen el pelo. Ahora pretenderán presentar todo este episodio con tintes islamofóbicos, aunque habría que matizar que lo que se rechaza no es la fe musulmana sino su radicalismo conductual (este sí y no el del evangelismo) yihadista.

La doctrina residual pseudointelectual de corte progresista sobre el “choque de fundamentalismos” puede llegar a instaurarse peligrosamente, y puede cambiar los términos y premisas del debate, al desvirtuarlo y llevar a la nivelación moral conductas y formas de vivir tan dispares. Y es que el único extremo que puede chocar no es el convencional de fanatismos enfrentados sino el de la libertad contra la tiranía.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Es más que Al Qaeda

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Al siempre atribulado aniversario del 11-S se han añadido este año agrias disputas y enfrentamientos por culpa de Obama  al no haber cerrado con claridad, rotundidad y sobre todo en favor de la mayoría de americanos la cuestión de la mezquita. Claro que eso no es que se deba a que se hubiera  expresado mal sino a una concepción del mundo en el que impera el pacifismo, la rendición, y la merma de la importancia que a su parecer debe tener América. Si desde un principio no se hubiera posicionado en contra del respeto y se hubiera opuesto, como sí ha hecho al pastor Jones, a la muchísima mayor provocación que supone la mezquita, este 11 de Septiembre habría sido uno más. Víspera del que será más significativo, por efeméride, cuando lleguemos a la década de aquel infame, decisorio, y despertar de aquella plácida siesta en la que la posguerra fría nos había sumido; una nueva y trágica realidad revelada de forma brusca.

Correcto estuvo Obama cuando el sábado no mencionó al pastor, dejando la polémica en un llamamiento a la unidad frente a la división. Sin embargo, con la progresista manía de nombrar a las cosas con eufemismos y sobre todo por eliminar de raíz la adjetivación de los hechos, se llega en la práctica a implementar las acciones no correctas y peligrosas para nuestra civilización. Ocurrió cuando eliminó el nombre de Guerra contra el Terror, y vuelve a las andadas al confundir lo que representa fraccionalmente Al Qaeda con todo lo que hay detrás: el yihadismo.

Éste es un movimiento enorme que cuenta en el mundo musulmán con millones de personas que lo apoyan y/o participan en él de una u otra forma y en diversos grados, desde el simple apoyo hasta el terrorismo mártir más activo y combativo, pasando por la financiación y contribución económica y logística. Tres son las grandes corrientes: los Hermanos Musulmanes egipcios,  el salafismo wahabista, y el jomeinismo, como bien describe el profesor Phares.

Por tanto no son unos pocos locos y bandidos que se han atrincherado en Afganistán. Tienen toda una red ideológica detrás cuyo fin es la destrucción de Occidente. Y eso incumbe a regímenes y sociedades enteras de gente adoctrinada que creo en ello, pese a las disputas internas del Islam pero convergentes en nuestra aniquilación cultural y sometimiento.

Al Qaeda es la punta de un iceberg enorme, y que por haber atacado con éxito y por haber innovado una nueva forma de someternos, se ha hecho famosa. Pero el sentimiento está ahí, y las formas de llevar a cabo sus planes son diversos, siendo el emplazamiento de la mezquita amparándose en las libertadas que les brindamos, una de las formas de llevar a cabo el adoctrinamiento y la presión futura  que tan bien ya se está larvando.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Quema del Corán: rebaja de nuestros valores

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Prácticos pero con principios. Ése debe el el lema que guíe las decisiones de los hombres tanto a nivel individual como social y político, aunque sea una fórmula simplista y reduccionista de la complejidad humana en su interacción con su entorno.

Pues esto lo que debemos aplicar con respecto a la noticia que ya saltado en todas las agencias y medios de comunicación sobre el pastor norteamericano de quemar copias del Corán el 11-S.

A esa cuestión de practicidad se ha referido el general Petraeus cuando ha dicho que esas declaraciones y el consecuente acto son peligrosas para las tropas. Recordemos que EEUU tiene frentes claramente abiertos (Afganistán), semiabiertos (multitud de regiones, desde las africanas a las de Extremo Oriente  en las que tropas de EEUU combaten con fuerzas especiales y de acción rápida, y adiestran a fuerzas locales) y cerrados en falso (Irak), amén de las comunidades islámicas en EEUU. En definitiva donde haya un musulmán, éste se sentirá agraviado. Aunque no por ello deja de ser curiosa nuestra indiferencia cuando una acción similar pero desde el lado islamista ataca nuestra religión cristiana. Diferencia cultural y doctrinal que se pone de manifiesto en lo que algunos han calificado semi-parafraseando a Huntington de “choque de tiempos” más que de civilizaciones, mientras que otros entendemos que aunque bien puede haber algo de eso, existe una diferencia fundamental en la doctrina ortodoxa de ambas que las hace diametralmente opuestas en su mensaje fundamental.

Sin embargo, es digno de mencionar y claramente oportuno señalar, por estar íntimamente relacionado, el caso de la mezquita a escasas manzanas del WTC. El empecinamiento de los clérigos musulmanes en seguir con la polémica, tiene como primera consecuencia (puede que no la buscaran en un principio, esperando a que el centro erigido empezara su labor proselitista y simbólica) el enfrentamiento entre norteamericanos. Y es que las noticias de manifestaciones encontradas a propósito de este tema es bastante triste, más aún cuando se acerca el 11-s, día que todos debemos estar unidos. Los partidarios de la mezquita apelan ingenuamente a la libertad religiosa; los detractores creemos que es una excusa amparándose en nuestras garantías máxime cuando viene de quien viene, y que por tanto por respeto debe emplazarse en otro lugar. Y no es que exista dicotomía entre libertad y respeto, pues si no respetamos a nuestros semejantes estaremos cercenando la confianza que se da en las sociedades libres.

Y en la tesitura de si esta religión promueve la libertad –cosa que ortodóxicamente no hace- para que nosotros procedamos con la misma reciprocidad o no, estaremos cayendo en la trampa de difamar incendiariamente tal como ellos harían y hacen tan a menudo sin que los medios lo den importancia en aras del multiculturalismo.

Es por eso que debemos ser firmes en nuestro valores y actitudes, incluyendo en éstas, las formas sagradas de respeto. Decía Popper, y lo suscribo, que la tolerancia no debe llegar a los intolerantes porque termina negándose a sí misma como posibilidad real de existencia, pero debemos ser inflexibles no a través de formas groseras sino en la determinación y las actitudes legítimas, sin caer en la provocación y el insulto. Por eso no es una contradicción que haya presos en Guantánamo a la vez que allí se respetan sus costumbres (cuestión aparte es si la costumbre lleva aparejada la incitación al odio y la apología del terrorismo).

Y ese respeto que nosotros reclamamos debe ser puesto en práctica y no debe dejarse oscurecer. Más aún si cabe cuando hay muchos musulmanes que se comportan de forma pacífica siendo toda una heterodoxia con respecto a su textos sagrados.

Pero el que condenemos estos actos que nos fanatizan y vulgarizan, no debe restar un ápice a nuestra determinación en defensa de nuestros valores.

Sin embargo, las ramificaciones de todo este asunto se pueden enconar más aún. Podemos acabar transigiendo con la dichosa mezquita por culpa del complejo al que puede llevar la acción de la quema de coranes. Asimismo otra de las nefastas consecuencias es que ahora debemos separar estas dos acciones en el discurso político para evitar correlaciones peligrosas, aunque sea inevitable disociar la iniciativa del pastor del asunto de la Iniciativa Córdoba. Si en un mismo discurso tratamos los dos temas a la vez, daremos la imagen de que podemos caer en la fanatización fácilmente y los islamistas verán la forma de incendiarnos fácilmente despojándonos de nuestra serenidad, en un combate en el que en esos términos nos restará  totalmente la legitimidad que nos da nuestra altura moral, y por tanto la superioridad que de ello se deriva. Debemos tener tacto político y demostrar que por cada acción reprobable en nuestro bando damos cien de ellas de las más alta dignidad y calidad humana.

domingo, 5 de septiembre de 2010

La nueva regulación alimentaria y el enésimo asalto a la libertad

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La etiqueta “fascista” que tanto le gusta usar a la izquierda para denigrar a la derecha, nunca ha estado mejor utilizada que cuando señalamos al omnipresente Estado para definir el auge del intervencionismo estatal como gran ogro sobre la vida de los ciudadanos. Sin embargo, la acepción de fascismo en sentido literal abarca bastantes menos intromisiones que la que la socialdemocracia progresista y políticamente correcta instalada en las clases políticas actuales profesa. Cualquiera que eche un vistazo al régimen fascista por excelencia, el de Mussolini, podrá ver que las competencias y prerrogativas que se arroga el Estado actual están muy por encima de aquél. Lo peor sin embargo es que cuando un régimen se tilda acertadamente de totalitario lo que implica es que éste (encarnado en el Estado) interviene en los aspectos más pequeños de la vida cotidiana. Y lo peor es que debido al discurso buenista, la complicidad de los medios, y la opulencia material de las sociedades occidentales, sirven de anestesia en esta invasión silenciosa sin que pongamos el grito en el cielo.

Éste es el escenario que mejor describe lo que está pasando con las hiperregulaciones en todos los campos, y del que ni siquiera la sociedad norteamericana, libre por antonomasia, se libra. La nueva Ley de Seguridad Alimentaria (siempre un eslogan bonito y edulcorado que se erige por nuestro propio bien) pretende ampliar el ámbito de las intromisiones y regular lo que podemos comer con la excusa de los índices de aumento de la obesidad. Sus nuevas competencias pasan por prohibir determinados productos en los colegios, y alarmantemente más aún, poder acudir a los tribunales cuando una persona sea presuntamente discriminada por razón de su apariencia física. El caos que se puede organizar en los tribunales puede ser monumental si se da bombo a implementar acciones de este tipo.

Y es que la cuestión de la discriminación social, por dura que sea, no deja de ser el mejor acicate como forma de presión sobre los individuos con problemas personales de sobrepeso. Pues ésta es la que con mejor eficacia puede inducir al individuo para que tome medidas –o no- para atajar su “problema”. Sin embargo, este “problema” (pues lo será en función de los valores de cada uno) creado por las autoridades  se debe ceñir única y exclusivamente a la decisión de cada uno. Cuando un individuo decide adelgazar él es quién se arma de motivación para la empresa de bajar de peso. Ninguna campaña gubernamental hará que su decisión se incline de un lado o de otro. Esto es constatable en las regulaciones que ya están en vigor en EEUU y que no han conseguido absolutamente nada. Nunca han estado los productos más etiquetados con sus cualidades calóricas y nutritivas y sin embargo el índice de personas obesas aumenta en todo Occidente.

Aún más. Ya hay muchos nutricionistas que ponen en duda seriamente la tradicional pirámide nutricional (los paralelismos con la cuestión del cambio climático son alarmantemente enormes), ésa que desde los cuatro vientos se proclama como la única y verdadera. Pues en verdad hay que rebuscar para encontrar posturas científicas disidentes con las predominantes.

En el futuro más inmediato los críos que no engordan –sorprendentemente, de ahí que se hayan estado cuestionando muchos dogmas alimenticios con los productos de bollería o desaconsejados nutricionalmente-, no podrán degustar su sabor ni disfrutar de la energía que les brinda. Una infancia sin dulces, borrando así algo que recordaremos con nostalgia perteneciente a otros tiempos cuando los chicos disfrutaban del sabor del chocolate y el azúcar.

Sin embargo la acción amenazadora y coaccionadora del Estado sigue implacable en su búsqueda de nuevas esferas de poder e influencia. La línea que separa su intromisión legítima sobre los ciudadanos, de la ilegítima hace tiempo que se diluyó y se traspasó. Las sociedades aplauden con orejas de burro todo este intervencionismo en base “a nuestro bien” y las regulaciones pueden llegar a ser realmente asfixiantes en su búsqueda y molde de un ciudadano a su imagen y semejanza, por fuera y por dentro tal como querían los nazis y los comunistas. La ingeniería social no ha terminado, sólo que ha cambiado de disfraz y se ha adecuado a los nuevos tiempos. Y es que es más que evidente que el Estado siempre que se ha propuesto su función redentora de la humanidad (sustituyendo a la interacción social libre, así como a sus creencias divinas) creyéndose un dios y jugando a él, los problemas han aumentado. La nueva dictadura totalitaria se llama hiperregulación. Y la disminución de la libertad nunca ha redundado en beneficio del ser humano.

lunes, 30 de agosto de 2010

Manipulación periodística del Tea Party

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“La derecha conservadora invade Washington a 47 años del sueño de Luther King”. Con este partidista y denigratorio titular se comienza una noticia que tergiversa por completo el mensaje y la militancia política de unos ciudadanos americanos hartos de la deriva de su Gobierno.

Pero quizá más que orientación política, los congregados en la explanada, agrupados en el movimiento de las Tea Party, lo que buscan no es una determinada política sino algo sustancial, algo que sirva de base. Por eso hablar de orientación política del Tea Party es ciertamente resbaloso, pues la política es caduca y se formula en base a las circunstancias del momento para resolver problemas coyunturales.

Por tanto este movimiento lo que busca es afianzar las bases sobre las que se constituyó EEUU. De ahí en adelante pueden darse todas las sanas discrepancias que se quieran como corresponde a una democracia, siempre que se respeten los principios básicos y fundamentales recogidos en las actas fundacionales de Norteamérica. Sin embargo este pequeño pecado de concepción e identificación de la derecha con las Tea Party es en cierta medida inevitable en vista del afianzamiento ya pretérito del socialismo como filosofía política.

La fundación de EEUU es anterior a la implantación del socialismo y sus derivados más modernos como la socialdemocracia, y en vista de la marea que conllevó el socialismo, llegó a arraigar en la conciencia colectiva de por siempre en la forma de ver y hacer política. Esto es lo que ha generado la dicotomía izquierda-derecha. Sin la idea del socialismo, las relaciones entre los hombres en libertad no habrían traspasado unos límites asaltando y dado legitimidad a lo que por naturaleza no lo tiene como es la usurpación de la propiedad privada. Por este matiz identificar a la derecha con los presupuestos originarios de la concepción de EEUU carece de relativa importancia práctica quedando más bien todas estas finas hilaturas para la discusión filosófica. Y por tanto los que nos consideramos con una serie de ideas, que por estratificación se han identificado con la derecha, estamos gustosos de lucir dicha etiqueta.

Lo que no tiene perdón es la narración de lo que se supone es imparcialidad periodística.

El titular comienza con la palabra “invasión” lo cual es peyorativo y pre-condiciona al lector. Luego tilda de populismo al movimiento cuando precisamente lo populista es lo contrario: las soflamas izquierdistas de la gratuidad, el infantilismo social, la redención por el Estado, el relativismo y la huida de la responsabilidad en definitiva.

La misma noticia busca asimismo encontrar un componente racista en el movimiento, algo que desgraciadamente no es nuevo cuando se trata de definir al Tea Party. Así, contraponiéndolos con el mensaje de Luther King, se falsifican los presupuestos sobre los que se asienta el movimiento. Pues precisamente las palabras y el mensaje de Luther King es algo que la derecha conservadora respalda; no así el racismo de asociaciones como la NAACP que enarbolando la bandera de Luther King pisotean su verdadero mensaje. Y para muestra de racismo podemos rastrear hasta los postulados tradicionales del Partido Demócrata en la cuestión racial hace bien poco.

Tampoco quedan muchas dudas de lo que seguramente piense el redactor de la noticia así como el establishment político de ese concepto de la progresía que se llama “justicia social”. La justicia es justicia. Etiquetarlo o querer desvirtuar su verdadero significado poniendo coletillas biensonantes por el culto a “lo social” sólo busca legitimar acciones que precisamente son del todo injustas como son la expropiación más descarada y la posterior redistribución. Es más, si la Justicia fuese social, esto es de una mayoría, perdería la particularidad que le es inherente, pues la justicia no deja de ser otra cosa que dar a cada uno lo suyo. Claro que si además de ignorar su significado, lo edulcoramos con viejas reivindicaciones socialistas de culpabilización a los ricos y pudientes, el cóctel se convierte en veneno para la sociedad que aquiescentemente dejará que le usurpen la libertad.

Sin embargo lo mejor de la noticia es el final, como no podía ser de otro modo: “los miembros del Tea Party.... no tienen piedad con el déficit del Gobierno federal cuyo aumento atribuyen a la crisis económica y a la voluntad de salvar bancos ”.

O sea que hay que tener piedad con el despilfarro, con dilapidar valiosos recursos y con endeudarse por encima de las posibilidades de poder satisfacer la deuda adquirida. Además la crisis (originada asimismo por el intervencionismo estatal y no por los especuladores) no es la causa del déficit, siendo ésta verdaderamente la voluntad de políticos derrochadores que utilizan la crisis como excusa para gastar más en su búsqueda y retención de poder.

Destapemos la verdadera cara de los políticos aniquiladores de la libertad y desenmascaremos también a sus voceros oficiales y tontos útiles.

Lecciones de un secuestro

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Cuando todavía no se saben los escandalosos detalles relativos a la ingente cuantía que el Gobierno español ha pagado por la liberación de los secuestrados, el caso ofrece otro capítulo más del apaciguamiento como doctrina que realiza el Ejecutivo español, con rendición preventiva como dogma. 

Ello también es reflejo (retroalimentándose) de la cobardía que parte del pueblo español  profesa ante el yihadismo. Siendo aún más obsceno incluso festejar un episodio como éste que más que un punto final es un punto y seguido, y que por tanto gracias a acciones como éstas estamos seguros de su continuidad.

Todo secuestro a manos de terroristas persigue unos fines cuyo menor de ellos es la recompensa económica. Si ésta se da, mejor aún, pues consiguen una lucrativa financiación para seguir llevando a cabo sus actividades no sólo delictivas sino guerreras y propagandistas. Pues con las actuales cifras que se están manejando, que implican varios millones de euros, los terroristas además de haberse apuntado el tanto a su “causa” suman el punto económico.

Es inequívoco que esto  no sólo traerá aún más secuestros al haberles recompensado sino que se puede generar otra perniciosa consecuencia. Así, cuando se produzca un nuevo secuestro de por ejemplo ciudadanos franceses, parte de la población exigirá que se dé una respuesta como la ofrecida por su homólogo español. De hecho el secuestro de ciudadanos franceses por aquellas tierras ya se ha dado y terminó de forma aparentemente nefasta para nuestros vecinos con el asesinato del ciudadano francés Germaneau. Y digo en apariencia, porque no haber cedido y haber intentado la vía militar para conseguir poner fin al secuestro, sin embargo demostró la firme voluntad de no ser extorsionado.

Sin embargo las acciones de firmeza suelen ser la excepción, siendo lo común la petición de rendición. Y es que en las actuales circunstancias da igual el futuro o la dignidad y estrategia de no ceder ante los chantajes terroristas. En las sociedades actuales suele primar el “aquí y ahora y luego ya veremos”. Es la decadencia de Occidente. Y su maestro y alumno más aventajado es España en un curso que se inauguró el 11-S y del que nos examinamos por desgracia el 11-M, cuando dimos un espectáculo de cobardía, por votar por el partido de la retirada y la rendición, ante un acto tan vil y asesino.

Dice Sánchez Dragó, en alusión a su queridísimo Japón, que hasta tal punto está allí extendida la responsabilidad que cuando el Gobierno nipón pagó por un rescate de sus cautivos conciudadanos, la vuelta de éstos a su país fue de todos menos una fiesta siendo recibidos con vergüenza propia y ajena por haber sufragado la población el coste de dicho rescate y que consecuentemente deberían devolver hasta el último yen. Qué duda cabe que con las cifras que se están manejando en torno al caso que nos ocupa, la cuantía se antoja imposible de amortizar para cualquier mortal de condición profesional normal. Pero sí deberíamos recibir con frialdad y no con júbilo la liberación, pues es toda la sociedad la que ha costeado su puesta en libertad, un coste que al parecer carecía de límite.

Y es que los cooperantes no fueron de turismo a un lugar cualquiera sino que conocían los riesgos que entrañaba la zona. Lo cual no quiero decir que ellos sean los responsables, pero como en los casos de corresponsales de guerra, no caben lamentarse y esparcir responsabilidades a por ejemplo un gobierno que se negara sistemáticamente a estos chantajes, por encuadrarse en una estrategia de calado a largo plazo constituyente de una doctrina de firmeza y rectitud de valores morales.

Pero de lo que sí son responsables los cooperantes es del compadreo que han tenido con los secuestradores como indica la foto y las investigaciones, sin que tenga nada que ver en ello el famoso “síndrome de Estocolmo”. Y es que a veces los estereotipos se cumplen (“filiación” política de las ONG) y no es difícil imaginar la justificación que privadamente den los liberados de las actuaciones de los terroristas. 

viernes, 20 de agosto de 2010

El despropósito de la mezquita

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El dislate del presidente Obama y de los medios progresistas es de un descaro y una falta de sensibilidad absoluta cuando no de ruindad y mezquindad.

Y es que a este paso la caída de Obama, que ya antes de todo este asunto el declive era patente, puede aún alcanzar mayor velocidad. Su ambiguo discurso, característico en casi todos lo políticos, pero más aún en esta nueva especie de políticos depredadores de poder, esta nueva estirpe que sólo han nacido para ejercer la política no sirviendo a su país, sino a sí mismos, no le ha servido para salir airoso del tema y que tan bien resultados puede dar en otros lugares.

Sin embargo EEUU no es un país cualquiera. Y para EEUU la libertad plasmada en su Constitución es sagrada. Es por eso que aún todavía no más americanos están en contra de la dichosa mezquita de la Iniciativa Córdoba (aviso de referencia hacia Al Andalus), porque creen en la libertad religiosa, de realizar cualquier culto en cualquier parte de su geografía y que dio origen a esta Nación.

Por ello, para aquéllos que duden acerca de lo que esta comunidad de fieles pueda realizar y su posible o no proselitismo a favor de la yihad, puede chocar con sus creencias en la libertad de culto; pero cuidado y alerta, que los enemigos se amparan en la buena voluntad y la libertad que se les ofrece para infiltrar su particular caballo de Troya. Más allá de esto, estos americanos deben comprender antes de nada, que todo este asunto trata de un tema de respeto, sin restar la acción planificadora a largo plazo que el yihadismo pretende.

Y pese a muchos, sí, la mezquita está demasiado cerca. No caben relativismos de cuánta sería la distancia idónea; y la verdad es que está pegando a la zona cero, pues está más cerca de ésta que lo que el propio WTC mide de extensión. Cualquiera que haya visitado la zona lo sabe.

De hecho, para la izquierda más deconstruccionista como para los libertarios más absurdos, el tema de la distancia les parece adecuado basándose en el tema de la propiedad privada: ¡para el caso que lo construyeran en la misma zona cero!. Y es que indudable, que hay cosas que ni siquiera la propiedad privada puede resolver y en la que es necesario un enfoque más conservador. Como el propio Charles Krauthammer argumenta, a nadie se le ocurriría realizar una infamia de este tipo con un agravio análogo en por ejemplo Auschwitz. Y eso que las heridas de la segunda guerra mundial están más selladas que las que el terrorismo yihadista inflige aún, siendo indudable lo que la comunidad de Sharif El-Gamal (promotor del proyecto) busca, que es la provocación y la simbología del triunfo; de edificar un templo que predica la religión en el nombre de la cual se cometieron los más atroces ataques terroristas, el acto más vil de los recientes tiempos. Pues si de verdad quisieran tender puentes no habrían, como primera decisión, levantado esta polémica,o por lo menos al primer indicio de contrariedad de las familias de las víctimas y de una parte importante de sus conciudadanos, ya lo habrían desechado. Cualquier religión tolerante habría optado por una de estas acciones, lo cual demuestra la incendiara provocación de esta decisión política-religiosa (ellos no entienden la separación entre estos ámbitos).

Y es que Obama se está cavando su tumba. De hecho, ¡el propio Harry Reid, progresista por antonomasia, ha emplazado a que se edifique en otro lugar!.

Por si no bastara todo ello, el regreso de las tropas de Irak se ha adelantado a pesar de que los problemas han repuntado en aquel país. Dando todo ello un aspecto global de degradación y derrotismo en la Administración.

Más colmos aún en esta descalabrada historia: ¡Hamas apoya el proyecto!, lo que debería servir de acicate a los que dudan de los cantos de sirena que llegan de la Iniciativa Córdoba. Un movimiento terrorista con mayúsculas, que no deja ni un atisbo de libertad religiosa en sus dominios (Gaza) y que está en guerra con la facción nacionalista de Al fatah por extremo sectarismo religioso.

Pero también el periodismo, como dijimos más arriba, tiene lo suyo: lo presentan como un centro lúdico e inocente, y lo que es más grave, acusan a los que se oponen de “ultraderechistas” reaccionarios y de no haber dudado en utilizar este asunto como arma política. Cuando esto se dice se da a entender que la derecha aprovecha el asunto como si sólo sirviera para objetivos políticos, desdeñando la posibilidad por tanto, la agencia EFE, de que es un agravio en toda regla del que nadie quiere sacar tajada política entre los que se oponen sino que lo hacen en nombre de una creencias de respeto y compasión hacia sus compatriotas que fueron las primeras víctimas en esta guerra, y que a toda la Nación y a todo hombre en el mundo allende las fronteras americanas indignó y causó un terrible dolor por tan infame acto.

Pero la contradicción llega al paroxismo cuando en la misma noticia, sin rubor alguno afirman que según CNN (nada sospechosa por tanto) el 70% de lo ciudadanos americanos está en contra del proyecto. Excelente labor informativa, y prodigiosa y brillante gestión de la Presidencia Norteamericana. Bravo Obama.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Porqué el PSOE puede volver a ganar.

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Ante el timorato “líder” de la oposición, Mariano Rajoy, que sólo espera que el fruto maduro le caiga del árbol, el PSOE va haciendo movimientos y tareas de gobierno (¡ahora!) con vistas a no perder las elecciones del 2012. Pues el giro copernicano de Mariano Rajoy dado tras el varapalo en 2008 ha hecho perder toda su credibilidad además del escaso carisma que siempre ha tenido.

Algunas de las medidas que, para ser socialistas y encima de un sectarismo y radicalismo extremo alejado de la socialdemocracia europea, va impulsando el gobierno de ZP van en la buena dirección aunque haya sido más bien forzado por los acontecimientos y las advertencias de la UE, el FMI, y EEUU. Y es que es mucho lo que el mundo se juega si España cae en suspensión de pagos (se dice que equivalente al terremoto ocasionado por la caída de Lehman Brothers).

La inevitable reforma de las pensiones va en marcha; sólo que si los españoles nos resistimos a un sistema mixto que conjugue también la iniciativa privada, para que las cuentas cuadren debe alargarse la edad de jubilación y/o incrementar el período de tiempo cotizado. Claro que quizá, y sólo quizá, se podrían sostener in extremis si el crecimiento del empleo y la natalidad acompañaran. Aun así muchos estudiosos ven que el actual sistemas es a todas luces inviable.

La semiprivatización de AENA también va en la buena dirección así como la reforma de las Cajas de Ahorro, quizá una de las pocas cosas bien hechas y de gran calado, aunque tarde, que este Gobierno ha hecho. El contrapunto a ello es la exigua reforma laboral, que es más bien un parche para que la presión internacional afloje.

Otras medidas son el copago en la Sanidad, la reducción de las primas a las renovables, la reducción del déficit tarifario mediante titulizaciones, el límite (aunque ambiguo) al endeudamiento a los ayuntamientos (todavía no se ha hecho nada con respecto al lastre autonómico que tiene mucha parte de culpa en la crisis española), la subida del IVA (pese a ser una medida contraproducente puede mejorar, como le han indicado los organismos internaciones, el cuadre de las cuentas públicas), la congelación salarial a los funcionarios, el recorte de inversión en infraestructuras (recorte que también podría haberse salvado por ser bastante productivo y por tanto menos necesario, aunque al fin y al cabo recorte), etc.

Si las cuentas dentro de dos años han ido mejorando, con lo que se reduciría la percepción del riesgo soberano sobre nuestro país en los mercados y por tanto aumentase la credibilidad para seguir financiando nuestra economía, se le suman las mejoras en las cuentas empresariales fruto del reajuste durante esta travesía, es posible que la economía (el principal motivo de desgaste del Ejecutivo) mejore aun sin la debida reforma del mercado laboral. Y si a ello le sumamos una nueva posible tregua-trampa de ETA, un nuevo candidato a la presidencia como la valorada De la Vega, y la ineptitud de Rajoy, le resultado puede ser bastante halagüeño para el PSOE.

lunes, 2 de agosto de 2010

Fechas de salida de las guerras: un terrible error

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Obama sabe muy bien el tipo de audiencia que tiene delante en cada situación, para alabar sus oídos sin importarle lo más mínimo la coherencia y menos aún los principios que en su caso son nefastos. Y es habitual en él dar mensajes ambiguos para tratar de contentar un poquito a todos. Pero lo que no deja lugar a dudas son las acciones.

A finales de Agosto comienza el repliegue en Irak, quedando una presencia testimonial y de apoyo logístico a las fuerzas iraquíes. Lo cual es loable siempre que los objetivos estén cumplidos. Y para eso lo que nunca debe hacerse es de antemano determinar la retirada, fijando la fecha en el calendario casi con la hora exacta. Pues ha habido un repunte de violencia en Irak que los mandos militares deben evaluar y actuar en consonancia sin ningún tipo de plazo a priori. Los efectos perversos de esta nueva forma de hacer guerras, o más bien de perderlas, estarán a la vista cuando el enemigo esperando pacientemente los plazos, de los que tan esclavos son las sociedades modernas en contraposición al paciente yihadismo, aseste la puntilla al mundo libre.

Las guerras de Afganistán e Irak forman parte de un frente común más amplio que abarca todo tipo de lucha: militar, inteligencia, seguridad interna, diplomacia, geoestrategia, y sobre todo ideológica. Y es una guerra no al uso, con una fecha de finalización sellada con un armisticio, sino una de larga duración debido a la asimetricidad del conflicto.

Con respecto a los logros en ambos países los resultados son dispares: Irak que es un país más moderno cuenta ya, gracias a la ocupación, con unas instituciones que poco a poco van madurando, pese a las dificultades coyunturales como la actual para formar gobierno. El caso afgano es más complicado por la falta de algo parecido a unas instituciones modernas y no feudales como las que todavía allí imperan. Y esto es lo valorable en ambos casos: los progresos de una y la determinación en la otra. Obama dice que aún no vemos el fruto final: este hombre no entiende que en la lucha contra el terrorismo islámico (la realidad es la que es por muchos que nos empeñemos en disfrazarla)no puede haber un amanecer mágico y utópico, y sí un avance que quizá nunca erradique del todo la violencia, del mismo modo que en nuestras sociedades nadie nos garantiza tampoco plena inmunidad de nuestras vidas por la zarpa terrorista. Nadie podrá decir que “la guerra se ha ganado”, sino que “la guerra se va ganando”. Este matiz es muy importante.

Las promesas electorales destinadas a contentar a su electorado deben quedar de lado a la hora de afrontar la realidad. Ya no vale decir que “debe poder fin de forma responsable a la guerra” pues lo responsable es ganarla.

Otro aspecto a señalar en su alocución ególatra fue su vanagloria por el redespliegue logístico más importante en décadas que se va a acometer, lo que no deja de ser un involuntario elogio hacia su antecesor, una concesión que le hace al denostado señor Bush.

Las guerras se hacen para ganarlas no para que el pacifismo gane influencia y poder en la sociedad, minándola con demagógicas retiradas.