"La única cosa necesario para que triunfe el mal, es que la gente buena no haga nada". 

"Aquél que no cree en Dios, termina creyendo en cualquier cosa".

Edmund Burke (1729-1797). Político británico.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lord Acton (1834-1902). Teólogo y ensayista.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Las “espinas” del Tea Party: la homosexualidad

20090514_45_Bandera gay 

Muchas descalificaciones se han vertido por estos lares de la Europa progresista con respecto al movimiento cívico-espontáneo del Tea Party con epítetos como reaccionarios (de connotación negativa aunque en puridad no lo sea), ultraconservadores, extrema derecha, radicales, etc.

Las mayoría de las veces se ha quedado en eso y no se han entrado a detallar en qué consisten tales políticas radicales. Otras veces caen en contradicción cuando no vergonzosa imagen de lo que entendemos por moderación, cuando asumen la intromisión del Estado en nuestras vidas como postura moderada, obviando la libertad frente al Estado, algo que no desmerece a juicio de la mayoría post-modernista.

Pese a ser un movimiento con unas ideas básicas y centrales como son los valores tradicionales americanos de gobierno limitado, vida comunitaria, merma del Estado leviatán, garantías constitucionales de libertad y cultura religiosa cristiana, hay como en todo, posturas que a priori son anatemizadas por escandalosas debido a la incorrección política: lacra posmoderna devenida en tiranía anestesiante y extremadamente peligrosa por sutil.

Una de las muchas noticias entra a detallar algo más el radicalismo conservador del Tea Party, pero aun a riesgo de caer en la trampa de rebatir ideas que pueden ser minoritarias y que por tanto no reflejen al colectivo del que hablamos, entraremos en su juego para echar de raíz tópicos con los que muchas veces los conservadores no sabemos salir hacia adelante ni defendernos.

Se nos comenta que Christine O´Donnell se ha salido de tono por su postura de que los homosexuales crearon el SIDA. Desconociendo si es verdad o no y en qué contexto lo dijo, lo asumiré. Aunque sea extremadamente políticamente incorrecto, el SIDA irrumpió con fuerza en los años 80 tras la bacanal del movimiento hippie. Yendo más allá de esta argumentación simplista, un conservador de renombre, afamado por su amor a la verdad y la exhaustividad como Paul Johnson, nos dice que podría ser que el organismo hubiera reaccionado de alguna manera ante la práctica no natural de la homosexualidad. De sobra es conocido que los casos mayores se dan entre homosexuales y es una pista  a seguir al rastrear su origen. Evolutivamente hablando el organismo habría así reaccionado ante una práctica que antes estaba contenida o por lo menos no aceptada socialmente y por tanto de alcance más limitado. Ciñéndonos a lo puramente empírico, vemos que los órganos en verdad sufren más desgarros en las prácticas homosexuales que en las heterosexuales. En cualquier caso, el lobby y la presión que supuso el movimiento gay hizo imposible que se siguiera investigando y se extendió un tabú del que por desgracia la ciencia no escapa, algo que no encaja con el saber científico de someter al empirismo aun aquellas materias heréticas para una sociedad.

Con respecto a la homosexualidad en general, no creo que la mayoría de los conservadores esté contra los homosexuales sino contra un comportamiento que se considera acertada, estadística y naturalmente anormal. Las primeras personas que se autoexcluyen son aquellos homosexuales que autodenominan gays haciendo de ello su “condición” y bandera y signo distintivo como algunos hacen con la raza en sintonía con el pensamiento discriminatoriamente positivo. Y son estas personas, los gays (movimiento político, diferente de la homosexualidad) los primeros que se denigran como personas al pretender hacer de su “elección” sexual la vara de medir su persona, al margen de si es es una persona buena o mala, decente o indecente, responsable o alocada, etc. La llamada “condición” pretende por tanto etiquetar y menospreciar su valor como persona, equiparándose a un género y colectivizándose.

Y somos los conservadores los primeros que recelamos intrínsecamente de nuestra intimidad, otorgándole un carácter sagrado en tanto en cuanto nos hacemos respetar manteniendo la privacidad de nuestras conductas. Somos los conservadores los que por tanto damos más valor como personas a los homosexuales porque  no los juzgamos más que por su valía como persona. De ahí a hacer ostentación y ejemplo a seguir de su conducta privada va un trecho; más aún cuando muchos proclaman la elección de la sexualidad como algo que depende de la voluntad, cuando a nadie se le escapa, que nadie quiere en verdad ser homosexual, sino que se convive con ello sin haber devenido de una previa elección que no existe.

El idilio de los homosexuales con el progresismo ha sido ocasionado entre otras cosas, por una prensa y unos medios que han tratado de ofrecer la imagen de que por el hecho de ser homosexuales tienen un “derecho”  al matrimonio, a la adopción y a la equiparación con la institución del matrimonio tradicional, haciéndoles creer que de no ser así se les está discriminando, pretendiendo extender un derecho donde no lo hay.

El movimiento del Tea Party como heterogéneo que es, por la multitud de miembros, unidos sobre unas bases generales, no tiene que ser plenamente uniforme y monocorde. Sus declarados enemigos no diferencian, y etiquetan a todo ello radical, ultra, o intransigente cuando no lo es. Sólo reclama un cierto orden moral y no una anarquía libertina que desestructure la comunidad. Habría que ver dónde queda el virtuoso justo medio aristotélico para ver qué conducta es la radical.

Seguiremos con otros tópicos en posteriores artículos.

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