Prácticos pero con principios. Ése debe el el lema que guíe las decisiones de los hombres tanto a nivel individual como social y político, aunque sea una fórmula simplista y reduccionista de la complejidad humana en su interacción con su entorno.
Pues esto lo que debemos aplicar con respecto a la noticia que ya saltado en todas las agencias y medios de comunicación sobre el pastor norteamericano de quemar copias del Corán el 11-S.
A esa cuestión de practicidad se ha referido el general Petraeus cuando ha dicho que esas declaraciones y el consecuente acto son peligrosas para las tropas. Recordemos que EEUU tiene frentes claramente abiertos (Afganistán), semiabiertos (multitud de regiones, desde las africanas a las de Extremo Oriente en las que tropas de EEUU combaten con fuerzas especiales y de acción rápida, y adiestran a fuerzas locales) y cerrados en falso (Irak), amén de las comunidades islámicas en EEUU. En definitiva donde haya un musulmán, éste se sentirá agraviado. Aunque no por ello deja de ser curiosa nuestra indiferencia cuando una acción similar pero desde el lado islamista ataca nuestra religión cristiana. Diferencia cultural y doctrinal que se pone de manifiesto en lo que algunos han calificado semi-parafraseando a Huntington de “choque de tiempos” más que de civilizaciones, mientras que otros entendemos que aunque bien puede haber algo de eso, existe una diferencia fundamental en la doctrina ortodoxa de ambas que las hace diametralmente opuestas en su mensaje fundamental.
Sin embargo, es digno de mencionar y claramente oportuno señalar, por estar íntimamente relacionado, el caso de la mezquita a escasas manzanas del WTC. El empecinamiento de los clérigos musulmanes en seguir con la polémica, tiene como primera consecuencia (puede que no la buscaran en un principio, esperando a que el centro erigido empezara su labor proselitista y simbólica) el enfrentamiento entre norteamericanos. Y es que las noticias de manifestaciones encontradas a propósito de este tema es bastante triste, más aún cuando se acerca el 11-s, día que todos debemos estar unidos. Los partidarios de la mezquita apelan ingenuamente a la libertad religiosa; los detractores creemos que es una excusa amparándose en nuestras garantías máxime cuando viene de quien viene, y que por tanto por respeto debe emplazarse en otro lugar. Y no es que exista dicotomía entre libertad y respeto, pues si no respetamos a nuestros semejantes estaremos cercenando la confianza que se da en las sociedades libres.
Y en la tesitura de si esta religión promueve la libertad –cosa que ortodóxicamente no hace- para que nosotros procedamos con la misma reciprocidad o no, estaremos cayendo en la trampa de difamar incendiariamente tal como ellos harían y hacen tan a menudo sin que los medios lo den importancia en aras del multiculturalismo.
Es por eso que debemos ser firmes en nuestro valores y actitudes, incluyendo en éstas, las formas sagradas de respeto. Decía Popper, y lo suscribo, que la tolerancia no debe llegar a los intolerantes porque termina negándose a sí misma como posibilidad real de existencia, pero debemos ser inflexibles no a través de formas groseras sino en la determinación y las actitudes legítimas, sin caer en la provocación y el insulto. Por eso no es una contradicción que haya presos en Guantánamo a la vez que allí se respetan sus costumbres (cuestión aparte es si la costumbre lleva aparejada la incitación al odio y la apología del terrorismo).
Y ese respeto que nosotros reclamamos debe ser puesto en práctica y no debe dejarse oscurecer. Más aún si cabe cuando hay muchos musulmanes que se comportan de forma pacífica siendo toda una heterodoxia con respecto a su textos sagrados.
Pero el que condenemos estos actos que nos fanatizan y vulgarizan, no debe restar un ápice a nuestra determinación en defensa de nuestros valores.
Sin embargo, las ramificaciones de todo este asunto se pueden enconar más aún. Podemos acabar transigiendo con la dichosa mezquita por culpa del complejo al que puede llevar la acción de la quema de coranes. Asimismo otra de las nefastas consecuencias es que ahora debemos separar estas dos acciones en el discurso político para evitar correlaciones peligrosas, aunque sea inevitable disociar la iniciativa del pastor del asunto de la Iniciativa Córdoba. Si en un mismo discurso tratamos los dos temas a la vez, daremos la imagen de que podemos caer en la fanatización fácilmente y los islamistas verán la forma de incendiarnos fácilmente despojándonos de nuestra serenidad, en un combate en el que en esos términos nos restará totalmente la legitimidad que nos da nuestra altura moral, y por tanto la superioridad que de ello se deriva. Debemos tener tacto político y demostrar que por cada acción reprobable en nuestro bando damos cien de ellas de las más alta dignidad y calidad humana.
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