"La única cosa necesario para que triunfe el mal, es que la gente buena no haga nada". 

"Aquél que no cree en Dios, termina creyendo en cualquier cosa".

Edmund Burke (1729-1797). Político británico.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lord Acton (1834-1902). Teólogo y ensayista.

domingo, 26 de septiembre de 2010

No a la legalización de las drogas

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Los apologistas de la legalización de las drogas ignoran, o por lo menos lo reducen todo a una simple secuencia mecanicista de la realidad argumentando sobre bases económicas y legales, amén de un utopismo de la libertad, que más bien deviene en todo caso en libertinaje infantil.

Olvidan el riesgo que para, no sólo la salud implica, sino para la sociedad conlleva. Y no me refiero a colectivismos ni pretendo decir a nadie lo que debe o no consumir, como no asumo que el Estado interfiera en lo que comemos. Pero el tema de las drogas no es equiparable pues el efecto que éstas producen sobre nuestra psique es tal, por ser un alterador de la consciencia, que se contagia como un mal por toda la sociedad. El uso de sustancias dopantes en el deporte por ejemplo, no me parece más censurable que el que la ética deportiva impone (aunque el deporte profesional es de todo menos saludable por el uso intensivo de sustancias así como de la extenuación  física). Pero los alteradores de consciencia sí me parecen condenables del todo.

Cualquiera que crea que por tomar drogas es más libre, es un iluso. La pérdida de voluntad que se produce no sólo inmediatamente sino secuencialmente en el tiempo hacen que dejemos de adoptar la “decisión” como fenómeno que se da antes de iniciar un acto. La adicción intrínseca que generan las drogas fuertes por tanto, nubla o anula por completo nuestra capacidad no sólo mental sino de elección posterior,  haciéndonos esclavos de las sustancias. Se me dirá que la libertad implica eso, pero más allá de teorizaciones ajenas al mundo real, la verdad es que no he visto a nadie que actúe libremente cuando toma drogas. Algo tan destructivo no puede formar parte del acervo de la libertad.

Nos quejamos constantemente de la idiotez de las masas, de su escasa capacidad frente a la farsa de la ideología colectivista y políticamente correcta, pero a su vez proponen los libertarios la despenalización como un triunfo en la consecución de la libertad.

Cualquiera puede ver cómo un sábado los jóvenes, y los no tanto, escapan de la lógica  y el raciocinio, y se entregan a la brutalidad más baja sin ser conscientes de sus actos. Si precisamente la libertad acarrea la asunción de las consecuencias, la droga altera por completo la ecuación. De hecho en los códigos penales el atenuante por el uso de sustancias alivia la pena al considerar este factor. Creo que además de ser esto un error, pues da pie a numerosas farsas, el que toma una droga debe o debería saber que su conducta se verá alterada y que puede realizar cosas que de otra forma no llevaría a cabo o por lo menos no en una escala tan alta.

Otra de las consecuencias son las muertes que se producen en carretera, que si ya son una catástrofe por culpa del alcohol, ni imaginar lo que serían con sustancias aún más nocivas y distorsionadoras de la realidad. Los libertarios llaman a esto crímenes sin víctima, pero el grado de tentativa  de homicidio por temeridad o imprudencia no es algo desdeñable.

Con todo, los peores efectos de la legalización se producen en el ámbito de la familia. El núcleo central de la sociedad, y su institución más fuerte, aseguradora y que da sentido a la existencia del hombre en la sociedad por constituir el entorno más confiado de la existencia humana. El grado de desestructuración y desintegración que conllevaría una medida así sería nocivamente mayor. Los efectos de ello los vemos a diario y degenera en exclusión social y marginalidad. Cualquiera puede observar, si está libre de los clichés progresistas, que las drogas y especialmente el alcohol (uso el ejemplo de droga legal que distorsiona la voluntad) son la causa, en un porcentaje amplio, de los indigentes que pululan como almas en pena por nuestras ciudades, carentes del resorte familiar. Y aunque el restante porcentaje puede atribuirse a las enfermedades mentales, congénitas o adquiridas, la interrelación entre drogas-desvinculación familiar-marginalidad es tan estrecha que es difícil saber cuál es la causa de cada una de ellas convirtiéndose en un peligroso y letal círculo.

La exclusión que las drogas los encalla, los incapacita para desempeñar cualquier trabajo o relación laboral, además de convertirlos en seres que se refugian en su soledad aun cuando se les da cobijo y medios. E incluso cuando la pobreza más indigente encuentre su causa en la situación económica no son pocos los que abrazan el camino de la evasión, lo cual los incapacita para una posterior reinserción.  El grado de enfermedad que los postra sin alternativa genera estas bolsas de marginalidad que son un verdadero problema de difícil solución y al que agravaría a medio y largo plazo la legalización.

Y es que si los libertarios quieren más libertad, tendrán que asumir cómo se puede hacer frente a este problema, que traería consigo además (eso del consumo moderado y consciente no es creíble, pues lo que distingue la droga es el elemento adictivo que posee) el crecimiento aún mayor del Estado que se hiciera cargo de una sociedad zombie, hipnotizada y carente de voluntad.

Sé que puedo estar cayendo en el catastrofismo más exagerado pero no veo de qué otra forma puede influir en la sociedad si se legalizaran la cocaína, la heroína, las anfetaminas, el cannabis y otras muchas. Y sé que hay alternativas como la beneficencia social privada, pero es evidente que a más drogas, más marginalidad.

Se me podrá objetar que aparte de acabar con las mafias, las drogas estarían menos adulteradas y que no necesariamente crecería el número de adictos. No lo creo. Por el simple motivo que se estaría transmitiendo el mensaje implícito de que al ser legal no sería tan nocivo, por mucho que nos lo advirtiera el Estado, los médicos, o quien sea. Además, a un nivel de mayor accesibilidad al consumidor sin caer en la incursión de un delito, el consumo crecería considerablemente.

Es difícil ver o creer en una persona que se toma su droga, la disfruta, y al día siguiente se levanta a trabajar como si nada. Los efectos a añadir, por tanto, también en este ámbito se harían notar. Nadie creería que la capacidad productiva fuese, no mayor como cabe esperar con la evolución de los tiempos, sino igual a la actual. Ello redundaría en una sociedad más pobre, que debería sin embargo asumir un coste mayor para cuidad su salud. Y eso suponiendo que tuviéramos la libertad en el tema de la sanidad, que si fuera el Estado el que tuviera que asumir su coste el panorama sería el de una eutanasia pasiva social y colectiva, de constante y adormilada acción. Esos son sus costes derivados.

En vez de vivir en mundos psicodélicos, deberíamos buscar una sociedad más viva, despierta, sin merma de sus facultades, y que tenga la excelencia por meta. No es caer en utopismos, sino simplemente no entorpecer más la vida con acciones nocivas como sería la despenalización. Y menos aún busco un dirigismo que nos haga perfectos; eso sería totalitario. Se trata de que cada uno desde la individualidad y a través de esa gran red que es la familia, busque la mejora como persona en su ámbito moral y social. La forma de interactuar con los demás sirviéndoles, como hacemos al interactuar ahora. La autosuficiencia y la adultez es incompatible con la despenalización de esas sustancias que a pesar de que estén en la naturaleza, debe hacerse un buen uso de ellas. La naturaleza nos da las herramientas y nosotros con la libertad (esta sí) decidimos si lo queremos emplear en el bien como la cura de enfermedades, o el mal, la degradación de nuestra moral y espíritu. La enajenación tanto mental como social es otro obstáculo en la madurez del ser humano.

La evasión de los problemas y de la realidad para buscar consuelo en lo artificial, mermará nuestra riqueza humana además de generar podredumbre en las relaciones sociales.

En consecuencia niego que seamos con las drogas, o con la “capacidad” de elegir, más libres.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¿Cuál es el verdadero Castro?

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Suele decirse , quizá por la influencia que Freud ha ejercido sobre nuestra cultura, que las primeras impresiones/opiniones son las que cuentan. Y creo que esto es aplicable a las últimas declaraciones del anciano habanero tras su reincorporación a la vida pública.

Varias son las declaraciones que ha hecho en las últimas semanas; algunas de ellas han encontrado más eco mientras que tras han pasado mas desapercibidas, pero de lo que no cabe duda es que el longevo dictador siempre dice lo que piensa, siendo ésa una de sus cualidades junto a su carisma populista con su gracejo acento caribeño, que quizá más admiran sus devotos seguidores.

Las declaraciones que más han llamado la atención han sido las relativas a la viabilidad del régimen cubano. En un primer momento Fidel aseguró que el régimen ya no servía. Días después se contradijo y reculó alegando errores de traducción algo que no se sostiene a poco que se lean las declaraciones y al rango inequívoco de lo que se pudo haber querido decir. La razón para este viraje, más bien se halle en que él no es quién está al mando de Cuba ahora mismo y no debe contrariarlo. Error sin embargo es menospreciar su figura pues su influencia es todavía enorme (diría que Raúl es un títere), y su hermano no deja de ser una mala pécora sin carisma que siempre ha estado a su sombra.

Y la evidencia más palpable de la necesidad de reformas de gran calado, aunque públicamente el régimen no se apee, puede encontrarse con las últimas noticias que nos llegan de la isla sobre la reducción de medio millón de empleos públicos para el año que viene. Cuba se ahoga y necesita tomar un camino nuevo. Quizá sea pronto para averiguar cuál será el sino que tome; si algo parecido a China (aunque difícil esta opción pues el tejido social-productivo no tiene nada que ver), pero en líneas generales puede ser un cambio que busque implantar la iniciativa privada, a pesar de que el Politburó siga dirigiendo la vida de sus súbditos, y relegando el comunismo a un papel político, aunque sea evidente que las esferas económica y política al final se traspasan.

Del Fidel que ha criticado parcialmente el régimen, podemos preguntarnos si sabiéndose que estas declaraciones iban a salir a la luz, por qué las dijo. Evidentemente es un viejo zorro que sabe que con la retractación dice sin decir; de esta manera expresa su postura pero no se contraría contra las críticas que puedan surgir en el Buró.

Y creo que Fidel creía lo que decía cuando afirmó que los judíos eran los chivos expiatorios de la humanidad, quizá debido a las acusaciones de deicidio que siempre han recaído sobre ellos. Son de agradecer esas palabras, que no dejan de ser verdad por más que vengan del paladín de la izquierda.

Asimismo tiene razón cuando afirma que Irán no va a renunciar al arma nuclear aunque desbarra cuando dice que la región estará mejor si Israel renuncia a las suyas, a la vez que aboga como Obama, por la eliminación de este armamento de la faz de la Tierra; algo imposible (porque no se puede deshacer una idea), infantil, y contraproducente por las vidas que han salvado las armas atómicas (la mayor parte de las veces por disuasión) en manos de los regímenes liberales occidentales (excepción de ello es la URSS, pero quedó mitigada su amenaza por la doctrina MAD).

Parece que el mensaje que Fidel lanza sobre los homosexuales también vaya dirigido a Irán. Dice arrepentirse (¡a buenas horas!) de las persecuciones que se han llevado a cabo en la isla, de las cuales a pesar de todo la progresía ha hecho la vista gorda y lo ha elevado al atar de héroe de la izquierda junto al chabacano homófobo Che Guevara. Quizá sea cosa de mímesis ideológica, y que  por tanto algo se le pegue del progresismo libertino y sin valores. Y en consecuencia, seguro que tras estas declaraciones de “arrepentimiento” gana más adeptos si cabe entre las filas de la izquierda más chic y snob. Pero su simbiosis con el progresismo parece ir un poco más allá, lo que nos hace dudar que haya sido el tema de los homosexuales un simple y anecdótico acto purgatorio de culpa.

Su apoyo a Wikileaks por la filtración de datos comprometedores relativos a la guerra de Afganistán bien puede deberse además de su odio visceral y primario a América, a ese buenismo que en nombre de la libertad de expresión, y a través de la pérfida  utilización de ésta lo desvirtúa, oculta un profundo deseo de aniquilación y derrota de todo lo que representa EEUU. La dominación soviética de la que Castro es deudor ideológico y práctico no es antagónica de lo que despectivamente llama Fidel “imperialismo”, como hacen otros cachorros como Chomsky. Condenar Fidel las prácticas imperialistas va más en la línea del progresismo postmoderno que ha evolucionado desde las rancias posturas comunistas hacia la nada sutil dominación ideológica por la nueva izquierda. Un guiño que se adecúa a la postura que toma del asunto de los gitanos  rumanos de Francia arremetiendo contra Sarkozy, precisamente él, que pese a “arrepentirse” (más bien por cuestiones prácticas como él aduce al hablar de la tensión de aquellos años, lo cual suena a excusa barata) condenó a personas por una cuestión de identidad sexual, y que por tanto nada tiene que ver con las legales medidas adoptadas por el Elíseo.

Todo este conjunto de manifestaciones pueden responder por tanto a cuestiones de índole práctica-realista, y de fusión con sus evolutivos retoños progresistas, y por tanto, de interiorización de sus tesis. Pero de lo que estamos seguros es de que Fidel siempre dice lo que piensa, sobre todo ahora libre en apariencia del ejercicio del poder .

jueves, 16 de septiembre de 2010

No hay choque de extremismos

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El 11 de Septiembre del 2010 será recordado como el aniversario con tensiones culturales-religiosas . Curioso que hayan tardado tanto tiempo los americanos en sacar su odio hacia el islam y su fanatismo cristiano, y que mira tú por dónde ha coincido con la decisión de levantar una mezquita al lado del WTC donde se situaban las Torres Gemelas derribadas. No hay que ser un lumbreras para ver la causa-efecto de todo este asunto, aunque la prensa progresista siga tildando despectiva y estereotipadamente de ultraconservadores o radicales fanáticos a los cristianos más firmes o a la gente opositora en general al mezquino proyecto.

Cualquier sociedad que hubiera padecido un ataque similar habría “estallado” de esa forma. Es más, los americanos lo han hecho muy civilizadamente habida cuenta de los escasos “incidentes” de entidad menor, para nada xenófobos o racistas, pero que sin embargo  pretenden colar como intransigencia y fanatismo comparable a los de los islamistas más radicales. Apartado éste que, por supuesto, no engloba a la Iniciativa Córdoba, pues sus objetivos son tender puentes y el diálogo, amén de actividades lúdicas en pro de la comunidad; todo muy inocuo. ¡Pues faltaría más que en suelo estadounidense (o cualquiera occidental) dijeran que pretenden el adoctrinamiento sin que tuviera ninguna consecuencia!.

En todo este asunto parece que también los tiempos están en cierta forma medidos, pues a nadie se le ocurriría la idea de la mezquita a los pocos años de haberse producido el ataque, cuando más reciente está la herida. Quizá sea una casualidad, pero el islamismo pocas veces deja cosas al azar o ajenas a sus designios si puede intervenir.

Por tanto el enfado, enojo, exasperación, o como mejor se quiera adjetivar, que se ha reflejado en la intención y en los contados casos de quema del Corán, son una reacción lógica de tantos agravios sufridos.  Hechos contra los que Obama no objeta lo más mínimo, siendo complaciente a toda clase de injurias y mostrándose servil como dejó de manifiesto con su discurso en El Cairo como directriz de sus intenciones en política exterior con el mundo musulmán.

Una diferencia sustancial entre ambos “integrismos” y crucial ha sido que el pastor Jones finalmente no hizo lo que dijo que iba a hacer. Cualquier islamista habría sido capaz de resistir cualquier tipo de presión y por tanto habría seguido adelante. Sus amenazas cuando no llegan a materializarse se deben a la incapacidad para llevarlas a cabo, no a que su voluntad se haya debilitado o templado. Y ésta no es una diferencia nimia, pues entre el acto y su intento existe una distancia abismal, tan extensa como la que existe entre el ser y el no ser.

La intención de Jones por más que sea un acto simbólico, estéril materialmente, y sobre todo contraproducente en la lucha contra el yihadismo, es un acto de rebeldía ante las ofensas que nos dirige el islamismo, y que por acumulación esa rebeldía se extendió los días en torno al 11 de septiembre. Aunque tampoco es fruto de un acaloramiento pasajero, pues conocemos lo que el texto coránico como sus hadices contienen, y que son el reflejo de una mentalidad impositiva, guerrera y conquistadora de la que los más ortodoxos no se han desprendido. Y es que no hacen falta fatwas que conminen a la yihad. Todo está en sus textos; de ahí la reacción contra ellos.

Po el lado contrario hemos visto que las reacciones de los musulmanes denotan que todavía no han dado el salto al civismo. Por más que nos disguste un acto tan feo como es la quema de un texto en el que se basan las creencias de tantos millones de personas, una civilización no monta en cólera como han hecho y hacen en diversas partes del mundo cada vez que se pone en entredicho cualquier aspecto o se satiriza sobre su profeta. Claro, que todo esto ha surgido en nuestras sociedades por el impacto del 11-s que nos llevó a indagar qué había pasado y qué había detrás.

Lo cual no quiere decir que no nos molesten actos obscenos y poco decorosos e irrespetuosos. La disimilitud que existe entre la indignación por la quema de un texto sagrado y su indiferencia es pareja, representativa y correlativa de una sociedad laica pero con valores a otra nihilista y hedonista. América cuadra más con la primera, mientras que el otro gran puntal de Occidente, Europa, lo es más del segundo. De ahí también el “atrevimiento” de la primera por concienciación frente a la sumisión, cobardía  e infravaloración del Viejo Continente. Porque tan fuerte es esta presión sobre nosotros y tan influidos estamos por el multiculturalismo progresista y el buenismo, que nos hemos convertido en cautivos y rehenes, por el miedo emanado por nuestra corrección política a través, del arma totalitaria más fuerte, por sutil, y sobre todo eficaz: la autocensura.

Es cierto que hay diferentes formas de conducta y de ver el islam, pero el cómputo en general es que se trata de una religión que todavía no ha asumido la libertad como bien más supremo y que entra en cólera en diversos grados cada vez que se cuestiona algo relativo a su religión. De hecho el pastor Jones ha recibido cientos de amenazas de muerte mientras que todavía no hemos oído ninguna contra Faisal.

Y del episodio de las quemas del Corán ha podido parecer que han salido victoriosos para su causa ideológica los islamistas al socavar uno de los baluartes y pilares de Occidente, un bastión moral que es lo que nos hace fuertes y legítimos, la libertad. No hemos caído en su trampa como dicen algunos, simplemente nos hemos hastiado de que nos tomen el pelo. Ahora pretenderán presentar todo este episodio con tintes islamofóbicos, aunque habría que matizar que lo que se rechaza no es la fe musulmana sino su radicalismo conductual (este sí y no el del evangelismo) yihadista.

La doctrina residual pseudointelectual de corte progresista sobre el “choque de fundamentalismos” puede llegar a instaurarse peligrosamente, y puede cambiar los términos y premisas del debate, al desvirtuarlo y llevar a la nivelación moral conductas y formas de vivir tan dispares. Y es que el único extremo que puede chocar no es el convencional de fanatismos enfrentados sino el de la libertad contra la tiranía.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Es más que Al Qaeda

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Al siempre atribulado aniversario del 11-S se han añadido este año agrias disputas y enfrentamientos por culpa de Obama  al no haber cerrado con claridad, rotundidad y sobre todo en favor de la mayoría de americanos la cuestión de la mezquita. Claro que eso no es que se deba a que se hubiera  expresado mal sino a una concepción del mundo en el que impera el pacifismo, la rendición, y la merma de la importancia que a su parecer debe tener América. Si desde un principio no se hubiera posicionado en contra del respeto y se hubiera opuesto, como sí ha hecho al pastor Jones, a la muchísima mayor provocación que supone la mezquita, este 11 de Septiembre habría sido uno más. Víspera del que será más significativo, por efeméride, cuando lleguemos a la década de aquel infame, decisorio, y despertar de aquella plácida siesta en la que la posguerra fría nos había sumido; una nueva y trágica realidad revelada de forma brusca.

Correcto estuvo Obama cuando el sábado no mencionó al pastor, dejando la polémica en un llamamiento a la unidad frente a la división. Sin embargo, con la progresista manía de nombrar a las cosas con eufemismos y sobre todo por eliminar de raíz la adjetivación de los hechos, se llega en la práctica a implementar las acciones no correctas y peligrosas para nuestra civilización. Ocurrió cuando eliminó el nombre de Guerra contra el Terror, y vuelve a las andadas al confundir lo que representa fraccionalmente Al Qaeda con todo lo que hay detrás: el yihadismo.

Éste es un movimiento enorme que cuenta en el mundo musulmán con millones de personas que lo apoyan y/o participan en él de una u otra forma y en diversos grados, desde el simple apoyo hasta el terrorismo mártir más activo y combativo, pasando por la financiación y contribución económica y logística. Tres son las grandes corrientes: los Hermanos Musulmanes egipcios,  el salafismo wahabista, y el jomeinismo, como bien describe el profesor Phares.

Por tanto no son unos pocos locos y bandidos que se han atrincherado en Afganistán. Tienen toda una red ideológica detrás cuyo fin es la destrucción de Occidente. Y eso incumbe a regímenes y sociedades enteras de gente adoctrinada que creo en ello, pese a las disputas internas del Islam pero convergentes en nuestra aniquilación cultural y sometimiento.

Al Qaeda es la punta de un iceberg enorme, y que por haber atacado con éxito y por haber innovado una nueva forma de someternos, se ha hecho famosa. Pero el sentimiento está ahí, y las formas de llevar a cabo sus planes son diversos, siendo el emplazamiento de la mezquita amparándose en las libertadas que les brindamos, una de las formas de llevar a cabo el adoctrinamiento y la presión futura  que tan bien ya se está larvando.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Quema del Corán: rebaja de nuestros valores

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Prácticos pero con principios. Ése debe el el lema que guíe las decisiones de los hombres tanto a nivel individual como social y político, aunque sea una fórmula simplista y reduccionista de la complejidad humana en su interacción con su entorno.

Pues esto lo que debemos aplicar con respecto a la noticia que ya saltado en todas las agencias y medios de comunicación sobre el pastor norteamericano de quemar copias del Corán el 11-S.

A esa cuestión de practicidad se ha referido el general Petraeus cuando ha dicho que esas declaraciones y el consecuente acto son peligrosas para las tropas. Recordemos que EEUU tiene frentes claramente abiertos (Afganistán), semiabiertos (multitud de regiones, desde las africanas a las de Extremo Oriente  en las que tropas de EEUU combaten con fuerzas especiales y de acción rápida, y adiestran a fuerzas locales) y cerrados en falso (Irak), amén de las comunidades islámicas en EEUU. En definitiva donde haya un musulmán, éste se sentirá agraviado. Aunque no por ello deja de ser curiosa nuestra indiferencia cuando una acción similar pero desde el lado islamista ataca nuestra religión cristiana. Diferencia cultural y doctrinal que se pone de manifiesto en lo que algunos han calificado semi-parafraseando a Huntington de “choque de tiempos” más que de civilizaciones, mientras que otros entendemos que aunque bien puede haber algo de eso, existe una diferencia fundamental en la doctrina ortodoxa de ambas que las hace diametralmente opuestas en su mensaje fundamental.

Sin embargo, es digno de mencionar y claramente oportuno señalar, por estar íntimamente relacionado, el caso de la mezquita a escasas manzanas del WTC. El empecinamiento de los clérigos musulmanes en seguir con la polémica, tiene como primera consecuencia (puede que no la buscaran en un principio, esperando a que el centro erigido empezara su labor proselitista y simbólica) el enfrentamiento entre norteamericanos. Y es que las noticias de manifestaciones encontradas a propósito de este tema es bastante triste, más aún cuando se acerca el 11-s, día que todos debemos estar unidos. Los partidarios de la mezquita apelan ingenuamente a la libertad religiosa; los detractores creemos que es una excusa amparándose en nuestras garantías máxime cuando viene de quien viene, y que por tanto por respeto debe emplazarse en otro lugar. Y no es que exista dicotomía entre libertad y respeto, pues si no respetamos a nuestros semejantes estaremos cercenando la confianza que se da en las sociedades libres.

Y en la tesitura de si esta religión promueve la libertad –cosa que ortodóxicamente no hace- para que nosotros procedamos con la misma reciprocidad o no, estaremos cayendo en la trampa de difamar incendiariamente tal como ellos harían y hacen tan a menudo sin que los medios lo den importancia en aras del multiculturalismo.

Es por eso que debemos ser firmes en nuestro valores y actitudes, incluyendo en éstas, las formas sagradas de respeto. Decía Popper, y lo suscribo, que la tolerancia no debe llegar a los intolerantes porque termina negándose a sí misma como posibilidad real de existencia, pero debemos ser inflexibles no a través de formas groseras sino en la determinación y las actitudes legítimas, sin caer en la provocación y el insulto. Por eso no es una contradicción que haya presos en Guantánamo a la vez que allí se respetan sus costumbres (cuestión aparte es si la costumbre lleva aparejada la incitación al odio y la apología del terrorismo).

Y ese respeto que nosotros reclamamos debe ser puesto en práctica y no debe dejarse oscurecer. Más aún si cabe cuando hay muchos musulmanes que se comportan de forma pacífica siendo toda una heterodoxia con respecto a su textos sagrados.

Pero el que condenemos estos actos que nos fanatizan y vulgarizan, no debe restar un ápice a nuestra determinación en defensa de nuestros valores.

Sin embargo, las ramificaciones de todo este asunto se pueden enconar más aún. Podemos acabar transigiendo con la dichosa mezquita por culpa del complejo al que puede llevar la acción de la quema de coranes. Asimismo otra de las nefastas consecuencias es que ahora debemos separar estas dos acciones en el discurso político para evitar correlaciones peligrosas, aunque sea inevitable disociar la iniciativa del pastor del asunto de la Iniciativa Córdoba. Si en un mismo discurso tratamos los dos temas a la vez, daremos la imagen de que podemos caer en la fanatización fácilmente y los islamistas verán la forma de incendiarnos fácilmente despojándonos de nuestra serenidad, en un combate en el que en esos términos nos restará  totalmente la legitimidad que nos da nuestra altura moral, y por tanto la superioridad que de ello se deriva. Debemos tener tacto político y demostrar que por cada acción reprobable en nuestro bando damos cien de ellas de las más alta dignidad y calidad humana.

domingo, 5 de septiembre de 2010

La nueva regulación alimentaria y el enésimo asalto a la libertad

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La etiqueta “fascista” que tanto le gusta usar a la izquierda para denigrar a la derecha, nunca ha estado mejor utilizada que cuando señalamos al omnipresente Estado para definir el auge del intervencionismo estatal como gran ogro sobre la vida de los ciudadanos. Sin embargo, la acepción de fascismo en sentido literal abarca bastantes menos intromisiones que la que la socialdemocracia progresista y políticamente correcta instalada en las clases políticas actuales profesa. Cualquiera que eche un vistazo al régimen fascista por excelencia, el de Mussolini, podrá ver que las competencias y prerrogativas que se arroga el Estado actual están muy por encima de aquél. Lo peor sin embargo es que cuando un régimen se tilda acertadamente de totalitario lo que implica es que éste (encarnado en el Estado) interviene en los aspectos más pequeños de la vida cotidiana. Y lo peor es que debido al discurso buenista, la complicidad de los medios, y la opulencia material de las sociedades occidentales, sirven de anestesia en esta invasión silenciosa sin que pongamos el grito en el cielo.

Éste es el escenario que mejor describe lo que está pasando con las hiperregulaciones en todos los campos, y del que ni siquiera la sociedad norteamericana, libre por antonomasia, se libra. La nueva Ley de Seguridad Alimentaria (siempre un eslogan bonito y edulcorado que se erige por nuestro propio bien) pretende ampliar el ámbito de las intromisiones y regular lo que podemos comer con la excusa de los índices de aumento de la obesidad. Sus nuevas competencias pasan por prohibir determinados productos en los colegios, y alarmantemente más aún, poder acudir a los tribunales cuando una persona sea presuntamente discriminada por razón de su apariencia física. El caos que se puede organizar en los tribunales puede ser monumental si se da bombo a implementar acciones de este tipo.

Y es que la cuestión de la discriminación social, por dura que sea, no deja de ser el mejor acicate como forma de presión sobre los individuos con problemas personales de sobrepeso. Pues ésta es la que con mejor eficacia puede inducir al individuo para que tome medidas –o no- para atajar su “problema”. Sin embargo, este “problema” (pues lo será en función de los valores de cada uno) creado por las autoridades  se debe ceñir única y exclusivamente a la decisión de cada uno. Cuando un individuo decide adelgazar él es quién se arma de motivación para la empresa de bajar de peso. Ninguna campaña gubernamental hará que su decisión se incline de un lado o de otro. Esto es constatable en las regulaciones que ya están en vigor en EEUU y que no han conseguido absolutamente nada. Nunca han estado los productos más etiquetados con sus cualidades calóricas y nutritivas y sin embargo el índice de personas obesas aumenta en todo Occidente.

Aún más. Ya hay muchos nutricionistas que ponen en duda seriamente la tradicional pirámide nutricional (los paralelismos con la cuestión del cambio climático son alarmantemente enormes), ésa que desde los cuatro vientos se proclama como la única y verdadera. Pues en verdad hay que rebuscar para encontrar posturas científicas disidentes con las predominantes.

En el futuro más inmediato los críos que no engordan –sorprendentemente, de ahí que se hayan estado cuestionando muchos dogmas alimenticios con los productos de bollería o desaconsejados nutricionalmente-, no podrán degustar su sabor ni disfrutar de la energía que les brinda. Una infancia sin dulces, borrando así algo que recordaremos con nostalgia perteneciente a otros tiempos cuando los chicos disfrutaban del sabor del chocolate y el azúcar.

Sin embargo la acción amenazadora y coaccionadora del Estado sigue implacable en su búsqueda de nuevas esferas de poder e influencia. La línea que separa su intromisión legítima sobre los ciudadanos, de la ilegítima hace tiempo que se diluyó y se traspasó. Las sociedades aplauden con orejas de burro todo este intervencionismo en base “a nuestro bien” y las regulaciones pueden llegar a ser realmente asfixiantes en su búsqueda y molde de un ciudadano a su imagen y semejanza, por fuera y por dentro tal como querían los nazis y los comunistas. La ingeniería social no ha terminado, sólo que ha cambiado de disfraz y se ha adecuado a los nuevos tiempos. Y es que es más que evidente que el Estado siempre que se ha propuesto su función redentora de la humanidad (sustituyendo a la interacción social libre, así como a sus creencias divinas) creyéndose un dios y jugando a él, los problemas han aumentado. La nueva dictadura totalitaria se llama hiperregulación. Y la disminución de la libertad nunca ha redundado en beneficio del ser humano.