"La única cosa necesario para que triunfe el mal, es que la gente buena no haga nada". 

"Aquél que no cree en Dios, termina creyendo en cualquier cosa".

Edmund Burke (1729-1797). Político británico.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lord Acton (1834-1902). Teólogo y ensayista.

jueves, 16 de septiembre de 2010

No hay choque de extremismos

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El 11 de Septiembre del 2010 será recordado como el aniversario con tensiones culturales-religiosas . Curioso que hayan tardado tanto tiempo los americanos en sacar su odio hacia el islam y su fanatismo cristiano, y que mira tú por dónde ha coincido con la decisión de levantar una mezquita al lado del WTC donde se situaban las Torres Gemelas derribadas. No hay que ser un lumbreras para ver la causa-efecto de todo este asunto, aunque la prensa progresista siga tildando despectiva y estereotipadamente de ultraconservadores o radicales fanáticos a los cristianos más firmes o a la gente opositora en general al mezquino proyecto.

Cualquier sociedad que hubiera padecido un ataque similar habría “estallado” de esa forma. Es más, los americanos lo han hecho muy civilizadamente habida cuenta de los escasos “incidentes” de entidad menor, para nada xenófobos o racistas, pero que sin embargo  pretenden colar como intransigencia y fanatismo comparable a los de los islamistas más radicales. Apartado éste que, por supuesto, no engloba a la Iniciativa Córdoba, pues sus objetivos son tender puentes y el diálogo, amén de actividades lúdicas en pro de la comunidad; todo muy inocuo. ¡Pues faltaría más que en suelo estadounidense (o cualquiera occidental) dijeran que pretenden el adoctrinamiento sin que tuviera ninguna consecuencia!.

En todo este asunto parece que también los tiempos están en cierta forma medidos, pues a nadie se le ocurriría la idea de la mezquita a los pocos años de haberse producido el ataque, cuando más reciente está la herida. Quizá sea una casualidad, pero el islamismo pocas veces deja cosas al azar o ajenas a sus designios si puede intervenir.

Por tanto el enfado, enojo, exasperación, o como mejor se quiera adjetivar, que se ha reflejado en la intención y en los contados casos de quema del Corán, son una reacción lógica de tantos agravios sufridos.  Hechos contra los que Obama no objeta lo más mínimo, siendo complaciente a toda clase de injurias y mostrándose servil como dejó de manifiesto con su discurso en El Cairo como directriz de sus intenciones en política exterior con el mundo musulmán.

Una diferencia sustancial entre ambos “integrismos” y crucial ha sido que el pastor Jones finalmente no hizo lo que dijo que iba a hacer. Cualquier islamista habría sido capaz de resistir cualquier tipo de presión y por tanto habría seguido adelante. Sus amenazas cuando no llegan a materializarse se deben a la incapacidad para llevarlas a cabo, no a que su voluntad se haya debilitado o templado. Y ésta no es una diferencia nimia, pues entre el acto y su intento existe una distancia abismal, tan extensa como la que existe entre el ser y el no ser.

La intención de Jones por más que sea un acto simbólico, estéril materialmente, y sobre todo contraproducente en la lucha contra el yihadismo, es un acto de rebeldía ante las ofensas que nos dirige el islamismo, y que por acumulación esa rebeldía se extendió los días en torno al 11 de septiembre. Aunque tampoco es fruto de un acaloramiento pasajero, pues conocemos lo que el texto coránico como sus hadices contienen, y que son el reflejo de una mentalidad impositiva, guerrera y conquistadora de la que los más ortodoxos no se han desprendido. Y es que no hacen falta fatwas que conminen a la yihad. Todo está en sus textos; de ahí la reacción contra ellos.

Po el lado contrario hemos visto que las reacciones de los musulmanes denotan que todavía no han dado el salto al civismo. Por más que nos disguste un acto tan feo como es la quema de un texto en el que se basan las creencias de tantos millones de personas, una civilización no monta en cólera como han hecho y hacen en diversas partes del mundo cada vez que se pone en entredicho cualquier aspecto o se satiriza sobre su profeta. Claro, que todo esto ha surgido en nuestras sociedades por el impacto del 11-s que nos llevó a indagar qué había pasado y qué había detrás.

Lo cual no quiere decir que no nos molesten actos obscenos y poco decorosos e irrespetuosos. La disimilitud que existe entre la indignación por la quema de un texto sagrado y su indiferencia es pareja, representativa y correlativa de una sociedad laica pero con valores a otra nihilista y hedonista. América cuadra más con la primera, mientras que el otro gran puntal de Occidente, Europa, lo es más del segundo. De ahí también el “atrevimiento” de la primera por concienciación frente a la sumisión, cobardía  e infravaloración del Viejo Continente. Porque tan fuerte es esta presión sobre nosotros y tan influidos estamos por el multiculturalismo progresista y el buenismo, que nos hemos convertido en cautivos y rehenes, por el miedo emanado por nuestra corrección política a través, del arma totalitaria más fuerte, por sutil, y sobre todo eficaz: la autocensura.

Es cierto que hay diferentes formas de conducta y de ver el islam, pero el cómputo en general es que se trata de una religión que todavía no ha asumido la libertad como bien más supremo y que entra en cólera en diversos grados cada vez que se cuestiona algo relativo a su religión. De hecho el pastor Jones ha recibido cientos de amenazas de muerte mientras que todavía no hemos oído ninguna contra Faisal.

Y del episodio de las quemas del Corán ha podido parecer que han salido victoriosos para su causa ideológica los islamistas al socavar uno de los baluartes y pilares de Occidente, un bastión moral que es lo que nos hace fuertes y legítimos, la libertad. No hemos caído en su trampa como dicen algunos, simplemente nos hemos hastiado de que nos tomen el pelo. Ahora pretenderán presentar todo este episodio con tintes islamofóbicos, aunque habría que matizar que lo que se rechaza no es la fe musulmana sino su radicalismo conductual (este sí y no el del evangelismo) yihadista.

La doctrina residual pseudointelectual de corte progresista sobre el “choque de fundamentalismos” puede llegar a instaurarse peligrosamente, y puede cambiar los términos y premisas del debate, al desvirtuarlo y llevar a la nivelación moral conductas y formas de vivir tan dispares. Y es que el único extremo que puede chocar no es el convencional de fanatismos enfrentados sino el de la libertad contra la tiranía.

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