"La única cosa necesario para que triunfe el mal, es que la gente buena no haga nada". 

"Aquél que no cree en Dios, termina creyendo en cualquier cosa".

Edmund Burke (1729-1797). Político británico.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lord Acton (1834-1902). Teólogo y ensayista.

lunes, 2 de agosto de 2010

Fechas de salida de las guerras: un terrible error

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Obama sabe muy bien el tipo de audiencia que tiene delante en cada situación, para alabar sus oídos sin importarle lo más mínimo la coherencia y menos aún los principios que en su caso son nefastos. Y es habitual en él dar mensajes ambiguos para tratar de contentar un poquito a todos. Pero lo que no deja lugar a dudas son las acciones.

A finales de Agosto comienza el repliegue en Irak, quedando una presencia testimonial y de apoyo logístico a las fuerzas iraquíes. Lo cual es loable siempre que los objetivos estén cumplidos. Y para eso lo que nunca debe hacerse es de antemano determinar la retirada, fijando la fecha en el calendario casi con la hora exacta. Pues ha habido un repunte de violencia en Irak que los mandos militares deben evaluar y actuar en consonancia sin ningún tipo de plazo a priori. Los efectos perversos de esta nueva forma de hacer guerras, o más bien de perderlas, estarán a la vista cuando el enemigo esperando pacientemente los plazos, de los que tan esclavos son las sociedades modernas en contraposición al paciente yihadismo, aseste la puntilla al mundo libre.

Las guerras de Afganistán e Irak forman parte de un frente común más amplio que abarca todo tipo de lucha: militar, inteligencia, seguridad interna, diplomacia, geoestrategia, y sobre todo ideológica. Y es una guerra no al uso, con una fecha de finalización sellada con un armisticio, sino una de larga duración debido a la asimetricidad del conflicto.

Con respecto a los logros en ambos países los resultados son dispares: Irak que es un país más moderno cuenta ya, gracias a la ocupación, con unas instituciones que poco a poco van madurando, pese a las dificultades coyunturales como la actual para formar gobierno. El caso afgano es más complicado por la falta de algo parecido a unas instituciones modernas y no feudales como las que todavía allí imperan. Y esto es lo valorable en ambos casos: los progresos de una y la determinación en la otra. Obama dice que aún no vemos el fruto final: este hombre no entiende que en la lucha contra el terrorismo islámico (la realidad es la que es por muchos que nos empeñemos en disfrazarla)no puede haber un amanecer mágico y utópico, y sí un avance que quizá nunca erradique del todo la violencia, del mismo modo que en nuestras sociedades nadie nos garantiza tampoco plena inmunidad de nuestras vidas por la zarpa terrorista. Nadie podrá decir que “la guerra se ha ganado”, sino que “la guerra se va ganando”. Este matiz es muy importante.

Las promesas electorales destinadas a contentar a su electorado deben quedar de lado a la hora de afrontar la realidad. Ya no vale decir que “debe poder fin de forma responsable a la guerra” pues lo responsable es ganarla.

Otro aspecto a señalar en su alocución ególatra fue su vanagloria por el redespliegue logístico más importante en décadas que se va a acometer, lo que no deja de ser un involuntario elogio hacia su antecesor, una concesión que le hace al denostado señor Bush.

Las guerras se hacen para ganarlas no para que el pacifismo gane influencia y poder en la sociedad, minándola con demagógicas retiradas.

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