"La única cosa necesario para que triunfe el mal, es que la gente buena no haga nada". 

"Aquél que no cree en Dios, termina creyendo en cualquier cosa".

Edmund Burke (1729-1797). Político británico.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lord Acton (1834-1902). Teólogo y ensayista.

jueves, 28 de octubre de 2010

Cuidado con las ideologías

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Es común cargar las tintas contra las ideologías más mortíferas que han sembrado el campo de muertos en el siglo XX. Sin embargo muchos analistas, parcialmente acertados, han atribuido “su” carácter asesino a las personas que llevaron a cabo y ejecutaron dichas ideas (cosa del todo lógica). Al fin y al cabo Marx habría quedado como alguien que habría desarrollado un particular y desarrollado punto de vista en las relaciones sociales, económicas, dialécticas, e históricas. Su contribución al pensamiento podría haber sido positivo para el debate en todas estas áreas, de no haberse salido del campo puramente teórico.

Sin embargo, sus ideas se implementaron en la práctica de la mano de Lenin trayendo desastrosas consecuencias para la humanidad que aún hoy siguen coleando, no tanto por los regímenes que siguen parcialmente su praxis, sino porque su lenguaje ha cambiado nuestra forma de vida y los conflictos siguen latentes en la mente de muchos, por culpa de la adopción de esta retórica que respalda si no el marxismo puro, sí un aceptable grado de estatismo respaldado por la sociedad por culpa de la influencia cultural de Marx. La contaminación ha llegado tan lejos que sólo es necesario ver el corpus del ámbito académico de las universidades para ver el adoctrinamiento, y por tanto la nocividad instalada e institucionalizada, aún hoy, tras 20 años de la caída y derrumbe del ideario socialista, mutando y transformándose en multitud de movimientos de corte todos ellos estatistas.

Por contra, la ideología fascista es residual por más que desde la izquierda se vocifere y descalifique con este epíteto a todos aquellos que no comulgan con sus ideas más radicales. Y dentro del fascismo habría que diferenciar el grado tan distinto que tuvieron el régimen mussoliniano y el nazi, para darnos cuenta de que muchas de las ideas que se propugnan desde la izquierda se llevaron a la práctica en la Italia de Mussolini, y en muchos aspectos el nivel de injerencia en el individuo palidecía frente al sufrido hoy bajo una mal entendida modernidad.

Más allá de todo esto, lo nocivo de las ideologías es su carácter absolutista y totalmente integrador; fundamentalista como gusta de tachar hoy día a grupos que carecen de ello, como cristianos devotos y judíos ortodoxos, equiparándolos al fundamentalismo islámico. Pues debemos recordar que en puridad la ideología es excluyente, y por tanto en un sentido el liberalismo carece del rango de ideología.

Pero lo que hace que la ideología sea nefasta per se, a pesar de que la responsabilidad recaiga exclusivamente en la personas que la llevan a la práctica, es que ofrecen un marco en el que las personas pierden su humanidad. La interiorización del marxismo-leninismo o el nazismo trajo consigo el desprendimiento del carácter humanitario de las personas. Al formar parte esas ideas de nuestra conciencia, nos embrutecemos e infra-humanizamos a nuestros semejantes. Por eso la ideología no es sinónimo de vacuidad.

Es por tanto por lo que debemos estar alertas para que ese proceso por el cual adoptamos e interiorizamos y justificamos una idea, no incube y degenere en deshumanización. Y aunque no sea permisible prohibir un corpus ideológico debemos perseguirlo cuando hostigue en forma de apología y promueva, en consecuencia, la eliminación de nuestros semejantes, o enaltezcan a las personas que realizan tales acciones bajo el nombre de movimientos liberalizadores (terroristas) o revolucionarios por muy a priori inocuas e incluso bienintencionadas que parezcan sus metas, como suele hacerse en nombre de la mal llamada “justicia social”, para la “eliminación de la opresión de los pueblos del yugo capitalista”, no siendo sólo simples palabras que por desgracia nos suenan bastante, y todavía hoy se usan en muchas partes del mundo.

lunes, 25 de octubre de 2010

¿Matar a Ahmadineyad?

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Con la visita de Ahmadineyad al Líbano para estrechar aún más los lazos con un Estado en el que la influencia iraní va ganando terreno a través de Hezbolá, un diputado israelí sacó el tema de la conveniencia de matar al dirigente iraní, si era factible, cuando se acercara a la frontera con Israel; y aunque sea políticamente incorrecto, el tema del magnicidio-tiranicidio está legitimado por la ley natural.

Otra cosa es si una acción así no sería contraproducente diplomáticamente, pues hasta las voces moderadas de Occidente lo condenarían y se justificarían a los ojos de radicales y moderados todas las acciones que se realizaran contra Israel aun cuando éstas abarcaran un amplio espectro en el que el terrorismo fuera una de ellas, pues la acción del magnicidio estaría enfocada como terrorismo de Estado (no siendo verdad) y en consecuencia se abriría la veda y el camino en todo el orbe al asedio y aislamiento de Israel, y aumentaría la legitimidad de los grupos terroristas centrados en el campo sionista. Se perdería, a vista de la mayoría, el rango de Estado de Derecho y por tanto el ya consagrado principio con el que muchos despachan el conflicto árabe-israelí, de “ojo por ojo”, alcanzaría nuevas fronteras. Lo cual no deja de ser, como siempre pasa con el Estado hebreo, todo un ejercicio de cinismo e hipocresía al juzgar con un rasero distinto a Israel (bien sea por antisemitismo bien por el aura palestino de pueblo oprimido por la maquinaría israelí y que por tanto los palestinos no les queda otra que recurrir al conflicto asimétrico del terrorismo) aun cuando a nosotros nos ha tocado luchar tras el 11-s con el yihadismo de alcance y metas mundiales; lo mismo que había padecido y padece el estado judío desde su creación.

Por el lado de la practicidad, acabar con Ahmadineyad no solucionaría nada, pues el régimen está controlado por el Consejo de los Ayatolás y de éstos depende el cariz que tome la política en un determinado momento, siendo más “moderado” como durante Jatamí o bien más duro e intransigente como sucede ahora, pero siempre todo dentro del rango radical de los ayatolás. Y aunque el divorcio sea patente entre sociedad y dirigentes por la creciente oposición de amplias capas de la sociedad iraní a sus dirigentes (algo que ha provocado alteraciones y fraudes electorales en favor del núcleo más duro), un ataque de esta envergadura desplazaría a los menos comprometidos al cambio. Además  no debemos desdeñar el otro gran puntal de Irán: la cada vez más influyente Guardia Revolucionaria, cuerpo de elite pretoriana que está adquiriendo cada vez más poder,  y que aunque depende del Consejo, su influencia se está extendiendo.

Cuando el diputado aludió a que la eliminación de Hitler podría haber evitado la Segunda Guerra Mundial no tuvo en cuenta sin embargo, al realizar la analogía, que el régimen nazi descansaba en la figura del fürherprinzip y que por tanto su extrapolación, a pesar de su buen análisis de que sin Hitler ( aun cuando la sociedad alemana estuviera ya cargada con peligrosas semillas en las que germinó y catalizó Hitler) no hubiera habido guerra, no se da en Irán como hemos visto.

El camino para acabar a largo plazo con el régimen teocrático pasa por su estrangulamiento financiero, y su aislamiento con efectivas y duras sanciones; con la destrucción por vía militar de sus instalaciones nucleares y con el apoyo activo y sin complejos a la disidencia iraní de carácter pro-occidental fruto de ser una sociedad relativamente moderna, educada y con un grado alto de civismo.

domingo, 17 de octubre de 2010

¡Más flotillas, es la guerra!

cuchillos01  Así iba la flotilla de la paz

A punto de concluir sin éxito las negociaciones de paz, los ataques contra Israel se multiplican por doquier.

Hace unos días Ahmadineyad llegó a Líbano para estrechar lazos con el régimen oficial y sobre todo con el paraestatal de Hezbolá al que financia de forma ostensible. Además se desplazó hasta la frontera con Israel en un acto de provocación y de cuasi guerra porque su presencia siempre va acompañada de incendiarias,  genocidas y manifiestas intenciones. Declaraciones para vergüenza de toda la comunidad internacional decente presente en la ignominiosa asamblea de la ONU, en la que se tuvieron que oír barbaridades sobre el 11-S, y ante las que por lo menos se protestó mediante el gesto de levantarse ante el discurso de Ahmadineyad en un lugar en el que al parecer todos pueden decir hasta las barbaridades más abyectas y exhortaciones más provocativas. Arafat y Kruschev fueron un precedente y ejemplo a seguir por todos los tiranos que aún quedan, como cuando también subió Chávez a la tribuna arremetiendo contra Bush y su “olor a azufre”.

Por otro de los flancos veremos la reacción de los “moderados” nacionalistas de la ANP y de su Al Fatah cuando las conversaciones queden en otro intento unilateral por resolver el conflicto, pero que sirve como escenario de un teatro de representación palestino ante el mundo en su presunta pretensión de un Estado propio, cuando lo que en realidad le interesa sólo es acabar con Israel. Y entonces sí querrán un Estado en el solar vacío que antes ocupara Israel, aunque habría que ver si antes no se matan entre ellos.

Y precisamente de Gaza, o más bien Hamastán, viene el otro flanco. A sus ignorados y subestimados, por el occidentalismo, lanzamientos de todo tipo de cohetes y demás acciones asesinas y terroristas, se suma el incasable apoyo que ofrece la propaganda sirviendo de buen aliado con vistas al desgaste del Estado judío (algo que en los últimos días aparentemente ha escocido bastante a los dirigentes palestinos, pues de sobra se sabe que la identidad del pueblo de Israel es eminentemente judía y así debe ser como respuesta sobre todo por su casi extinción con la Shoá; carácter que sin embargo no niega la ciudadanía a nadie, además de ser el único país del mundo que no tienen derecho a expresar y que se le reconozca su identidad y dimensión judía por lo concerniente a su religión- cultura-historia sin ser por ello atacado y condenado.

Las flotillas por llegar, entre ellas españolas, sólo sirven a la propaganda y son unos de los muchos medios que desde el lado soft pretenden contribuir al descrédito internacional de Israel. Existen cauces de sobra para hacer llegar a Gaza de cuanta ayuda se quiera, pasando claro los controles israelíes con vistas a evitar llevar armas camufladas (algo que le llega desde los innumerables túneles que lo conectan con Egipto). Pero lo que se busca es la visualización mediática, su puesta en escena de una exposición torticera de los hechos basados en una supuesta represión al que se somete a Gaza, curiosamente no del cándido lado de Hamas ,sino de la opresiva y tiránica Israel.

Y es que a pesar de que quedó del todo claro el caso de la  primera flotilla, la Mavi Marvara, en que iban con armas y que se tomaron las debidas diligencias y precauciones a pesar del trágico final en el que un caso así desemboca, las pseudo-comisiones de DDHH de la ONU han condenado como era de esperar al país hebreo con su correspondiente resonancia mediática. Es más las autoridades israelíes son suficientes para aclarar los hechos como así está aconteciendo. Y en virtud de una verdadera justicia, algo de lo que carecen sus enemigos al distorsionar por completo la verdad.

 


miércoles, 13 de octubre de 2010

Desencuentros en el Proceso de Paz: diplomáticos farsantes

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Cuando va dando las últimas bocanadas de aire el moribundo y enésimo proceso de paz entre israelíes y palestinos  por la excusa, por lado palestino, de la prolongación de la moratoria de los asentamientos en Cisjordania, hay elementos paralelos significativos que son dignos de reseñar y que erosionan parcialmente el grueso del proceso.

Lieberman, aparentemente extraoficialmente y sin perder un ápice de razón, ha instado a los europeos, especialmente al Ministro de Exteriores español Miguel Ángel Moratinos, a que antes de dar lecciones resuelvan sus propios asuntos tanto en la propia Europa como más allá, y ha observado que el ese interés que se muestra parece ser una forma de compensar sus fracasos en otros ámbitos de la actualidad internacional.

Asimismo y por añadidura a lo dicho por Lieberman –defenestrado en la prensa de ultraderechista, más que Netanyahu- podemos señalar, cuando alude a la cesión de Checoslovaquia que los europeos hicieron a Hitler extrapolando el caso a la actualidad de entregar la seguridad de Israel, que parece ser que estos mismos europeos andan con cierto resentimiento  de culpa inconsciente-colectivo por aquella mancha en su Historia,  y por tanto tratando de dar lecciones a un pueblo que ha aprendido demasiado en su atribulada historia; y cuya principal lección vino derivada de esa cesión que dio luz verde a la confianza de Hitler en la inacción de los europeos cuando comenzara su Anschluss.

Porque más que apoyar, lo que pretenden muchos “diplomáticos” es erosionar la democracia israelí. Moratinos el gran valedor, altavoz y resorte de los árabes en su representación en las instituciones occidentales y diversos Foros, quizá sea su mayor y grosero ejemplo de falta de tacto diplomático, al respaldar a lo peorcito de la clase dirigente mundial, pues los intentos de relajación de las políticas de las instituciones europeas hacia la Cuba de Castro son inagotables en su persona y actitud. Y es que este personaje es el primero en saltarse más que los cauces diplomáticos su fondo: alguien que aspire a mediar no se posiciona tan descaradamente del lado de los radicales y extremistas con declaraciones de sonrojo a la decencia. Porque exigir compromisos imposibles de cumplir es el equivalente a la intransigencia en la mutua cesión negociadora y en consecuencia lo que entraña es puro activismo radical.

Las concesiones infinitas al lado palestino tuvieron su mayor culminación en las conversaciones de Camp David de 2000 entre Barak y el difunto y nefasto Arafat. De allí se sacó una valiosa lección: los dirigentes palestinos no quieren un Estado que los meta en la senda de la responsabilidad sino que su lucha está en el desgaste de la democracia israelí mientras se disfruta de prebendas y favores internacionales y árabes en un macabro juego en el que árabes y palestinos se usan mutuamente como reivindicación propagandística para el desgaste de Israel.

Las últimas declaraciones del lado palestino apuntan a que EEUU reconozca el Estado palestino con fronteras anteriores a las de 1967, algo suicida para el Estado judío. Además de afirmar que nunca reconocerán a Israel, declaraciones más propias de Hamas que de la ANP (por lo menos de la de Abbas que no de la OLP de Arafat). Por eso esos ignominiosos resortes y apoyos de estos pseudo diplomáticos sirviendo cobertura legal, de estatus, mediática, y de portavocía, convierten a estos diplomáticos en conversos activistas transformándolos en punta de lanza y avanzadilla del campo y las posturas radicales. El  falso revestimiento de actividad política del que se cubren sólo persigue confundir a la opinión pública para satisfacer oscuras ideologías que se hacen casi inexplicables en personas que representan a priori a democracias occidentales.

Y es que para el que el proceso se llevara por buen cauce bastaría con ver buena voluntad del campo palestino (a qué vienen las consultas con los árabes pues cada uno de ellos ya tiene su Estado). Los asentamientos y su posterior desmantelamiento nunca han sido problema (como se vio en Gaza, con desastrosas consecuencias al comprobar la ingobernabilidad palestina cuando cayó en manos de los aún más extremistas de Hamas) sino otra excusa más a añadir como pueden ser el estatus de Jerusalén, o el retorno de los refugiados. Un canje de territorios en el que se asegurara la seguridad israelí por geoestrategia, aun cuando formara un extraño puzzle fronterizo, es el camino de la solución del problema, aunque más bien ésta se encuentra en la voluntad que le falta a una de las partes y que con todo tipo de gobiernos israelíes ha fracasado, algo que le deja en evidencia.

lunes, 11 de octubre de 2010

No a la legalización de las drogas (II)

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La lista de argumentos que esgrimen los defensores de la legalización, continúa la senda mecanicista, de supuestas causas-efectos como una función matemática, que además resultan ser falsas. Y se obvian los elementos humanos de semejante suicidio colectivo.

Uno de los argumentos más empleados es el que atañe al coste de la lucha contra las drogas y los grandes recursos destinados a ello. Dejando de lado citar cifras pues son fácilmente falseables y tendenciosas por uno u otro bando, es indudable que los costes mayores del Estado del Bienestar son los relativos al coste de la sanidad y la seguridad social (ámbitos laborales y de “protección social”), por tanto no compensaría  por la reducción del combate que las fuerzas del Estado desempeñan.

Los apologistas claman contra el Plan Colombia y la Iniciativa Mérida en lenguaje similar a la izquierda en términos de expansión del imperialismo, confundiendo, intencionadamente o no, sus fines y objetivos.

Olvidan que porque la lucha contra una actividad criminal no dé los frutos deseados, ésta no debe cambiar de naturaleza para acabar con el problema. La lucha contra las drogas en el ámbito legal, policíaco, y militar, es un frente abierto contra la criminalidad que nunca se acabará. Siempre habrá gente que trafique con una u otra cosa, del mismo modo que siempre habrá asesinos y ladrones, y no por eso para acabar con el problema decidimos legalizar esas acciones. Y nunca las políticas laxas contra el crimen han resuelto sino que han reforzado a la criminalidad.

Es obvio que si cambiamos el estatus legal, la lucha en este campo cambiará al ser algo aceptable y tolerado social y legalmente, pero esto no es argumento plausible debido a su tautología. Se me objetará que no hay crimen porque la legalización supone una mayor cuota de libertad, pero es indudable, aludiendo a la concepción humana,  que aquello que destroce nuestros cuerpos, mentes y relaciones sociales y en definitiva a la persona, no puede entrañar libertad.

La diferencia en la intencionalidad y la voluntariedad queda anulada por el efecto alterador de las drogas, y  la línea entre obligar e inducir con un arma tan poderosa como la que procura la acción narcótica es débil, quedando a merced de la voluntariedad del Estado más que del individuo; un Estado que se ampararía en las supuestas virtudes positivistas y aparentemente verídicas cualidades de la causística mecánica: olvidar el componente humano es el primer paso al totalitarismo al desdeñar la dimensión del hombre, su familia y su entorno.

Este debate queda indudablemente ligado al del suicidio, y es que si efectivamente matar a una persona es un crimen, matarse uno mismo refleja el mismo comportamiento aniquilatorio aunque los libertarios exclamen que la diferencia fundamental es la intromisión en lo ajeno, lo cual refleja un individualismo atroz y que todo lo relativiza y lo cede al arbitrio de una capacidad mermada que no encuentra resortes morales cimentados, sino que hace de cada existencia un reseteado que no ofrece continuidad social.

Al margen de todo ello y volviendo al ámbito que más gusta a sus defensores, pocos se pondrán de acuerdo en los límites a establecer; algunos hablan de limitar el consumo de una determinada sustancia, o de regular ciertos establecimientos, así como edades, pero ¿siguiendo su traza argumental, ¿Por qué no una libertad de consumo total? ¿O sería una nueva tarea a añadir a las competencia legislativas de nuestros representantes?, ¿Dejaríamos esta esfera tan vital, en sus manos? ¿No crecería más el Estado?, ¿Qué impuestos se habrían de establecer para sufragar la sanidad? ¿O tampoco querríamos impuestos para sufragar el mayor coste sanitario? ¿Sería el todopoderoso Estado competidor de los cárteles ahora legales hasta que con su fuerza los aplastara para ocupar a renglón seguido sus funciones y actuación monopolística? ¿O creemos que la iniciativa privada de todo el proceso actuaría libremente sin injerencias estatales como en apariencia lo hace con el tabaco? ¿Dejaría de existir el mercado negro?…

Demasiados interrogantes de difícil solución cuando jugamos con algo que se nos puede escapara de las manos, y sobre todo irreversible, pues quitar al pueblo su opio sería imposible. Y es que no todo es “probémoslo, y si no funciona volvemos al estatus anterior”, pues algo que se emprende de ese calibre difícil tiene dar la vuelta.

Otros sólo quieren despenalizar el uso de cannabis para tratamiento médico mezclando en el debate el ámbito curativo, algo que ofrece una mayor solución: no estoy en contra del uso terapéutico siempre que esté llevado a cabo por médicos, pero entiendo la fácil deriva del uso lícito al ilícito y por tanto las precauciones a tomar deben ser emprendidas con rigor. Y de sobra queda refutado por el sentido común, la afirmación de la inocuidad del cannabis en contraposición al tabaco, pues el efecto multiplicador que se da, además de la nocividad intrínseca es algo demostrado excepto a los ojos de los que no quieren ver y que viven en la nube y la estela del movimiento hippie.

Y hablando de drogas legales, quizá no quedó del todo claro en el anterior artículo mi postura con respecto al tema del alcohol. No abogo por su ilegalización porque el alcohol puede consumirse a pequeñas y saludables dosis, además de formar parte del acervo cultural del hombre. La Ley Seca debe quedar como un experimento que no funcionó y que se hizo de buena intención. Y aunque es difícil imaginar hoy día a gente con escondidos alambiques, la producción del alcohol es tan natural que carece de sentido su prohibición aun cuando su resultado fuera quizá positivo en términos de salud pública. Pero así como condenamos el mecanicismo  de los argumentos legalizantes también lo es la búsqueda de la salubridad social dejando de lado lo cotidiano y lo cercano en aras de un bien mayor sin importar las decisiones más básicas de la sociedad.

Por último recordar el nulo efecto disuasorio de las leyes para establecer el orden social cuando se combina con estupefacientes, y por tanto el amplio camino despejado a la vulnerabilidad de terceros, algo que desde luego nadie tolera.