Cuando va dando las últimas bocanadas de aire el moribundo y enésimo proceso de paz entre israelíes y palestinos por la excusa, por lado palestino, de la prolongación de la moratoria de los asentamientos en Cisjordania, hay elementos paralelos significativos que son dignos de reseñar y que erosionan parcialmente el grueso del proceso.
Lieberman, aparentemente extraoficialmente y sin perder un ápice de razón, ha instado a los europeos, especialmente al Ministro de Exteriores español Miguel Ángel Moratinos, a que antes de dar lecciones resuelvan sus propios asuntos tanto en la propia Europa como más allá, y ha observado que el ese interés que se muestra parece ser una forma de compensar sus fracasos en otros ámbitos de la actualidad internacional.
Asimismo y por añadidura a lo dicho por Lieberman –defenestrado en la prensa de ultraderechista, más que Netanyahu- podemos señalar, cuando alude a la cesión de Checoslovaquia que los europeos hicieron a Hitler extrapolando el caso a la actualidad de entregar la seguridad de Israel, que parece ser que estos mismos europeos andan con cierto resentimiento de culpa inconsciente-colectivo por aquella mancha en su Historia, y por tanto tratando de dar lecciones a un pueblo que ha aprendido demasiado en su atribulada historia; y cuya principal lección vino derivada de esa cesión que dio luz verde a la confianza de Hitler en la inacción de los europeos cuando comenzara su Anschluss.
Porque más que apoyar, lo que pretenden muchos “diplomáticos” es erosionar la democracia israelí. Moratinos el gran valedor, altavoz y resorte de los árabes en su representación en las instituciones occidentales y diversos Foros, quizá sea su mayor y grosero ejemplo de falta de tacto diplomático, al respaldar a lo peorcito de la clase dirigente mundial, pues los intentos de relajación de las políticas de las instituciones europeas hacia la Cuba de Castro son inagotables en su persona y actitud. Y es que este personaje es el primero en saltarse más que los cauces diplomáticos su fondo: alguien que aspire a mediar no se posiciona tan descaradamente del lado de los radicales y extremistas con declaraciones de sonrojo a la decencia. Porque exigir compromisos imposibles de cumplir es el equivalente a la intransigencia en la mutua cesión negociadora y en consecuencia lo que entraña es puro activismo radical.
Las concesiones infinitas al lado palestino tuvieron su mayor culminación en las conversaciones de Camp David de 2000 entre Barak y el difunto y nefasto Arafat. De allí se sacó una valiosa lección: los dirigentes palestinos no quieren un Estado que los meta en la senda de la responsabilidad sino que su lucha está en el desgaste de la democracia israelí mientras se disfruta de prebendas y favores internacionales y árabes en un macabro juego en el que árabes y palestinos se usan mutuamente como reivindicación propagandística para el desgaste de Israel.
Las últimas declaraciones del lado palestino apuntan a que EEUU reconozca el Estado palestino con fronteras anteriores a las de 1967, algo suicida para el Estado judío. Además de afirmar que nunca reconocerán a Israel, declaraciones más propias de Hamas que de la ANP (por lo menos de la de Abbas que no de la OLP de Arafat). Por eso esos ignominiosos resortes y apoyos de estos pseudo diplomáticos sirviendo cobertura legal, de estatus, mediática, y de portavocía, convierten a estos diplomáticos en conversos activistas transformándolos en punta de lanza y avanzadilla del campo y las posturas radicales. El falso revestimiento de actividad política del que se cubren sólo persigue confundir a la opinión pública para satisfacer oscuras ideologías que se hacen casi inexplicables en personas que representan a priori a democracias occidentales.
Y es que para el que el proceso se llevara por buen cauce bastaría con ver buena voluntad del campo palestino (a qué vienen las consultas con los árabes pues cada uno de ellos ya tiene su Estado). Los asentamientos y su posterior desmantelamiento nunca han sido problema (como se vio en Gaza, con desastrosas consecuencias al comprobar la ingobernabilidad palestina cuando cayó en manos de los aún más extremistas de Hamas) sino otra excusa más a añadir como pueden ser el estatus de Jerusalén, o el retorno de los refugiados. Un canje de territorios en el que se asegurara la seguridad israelí por geoestrategia, aun cuando formara un extraño puzzle fronterizo, es el camino de la solución del problema, aunque más bien ésta se encuentra en la voluntad que le falta a una de las partes y que con todo tipo de gobiernos israelíes ha fracasado, algo que le deja en evidencia.
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