"La única cosa necesario para que triunfe el mal, es que la gente buena no haga nada". 

"Aquél que no cree en Dios, termina creyendo en cualquier cosa".

Edmund Burke (1729-1797). Político británico.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lord Acton (1834-1902). Teólogo y ensayista.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Las “espinas” del Tea Party: aborto, islam, inmigración ilegal, socialismo, y naturaleza americana.

feto 

Siguiendo el hilo del anterior artículo en el que desentrañábamos las medidas más “radicales” del Tea Party, nos centraremos en el presente artículo en otros temas que levantan ampollas por su incorrección política aun cuando muchos las pensamos en nuestra intimidad sin expresarlas en voz alta por temer caer en el ostracismo y la exclusión social, y acabar pareciendo un alma insensible, retrógrada, inhumana y reaccionaria.

Por cierto, la expresión “reaccionario” viene de los tiempos de la Revolución Francesa, de las clases que se oponían al nuevo orden y régimen por considerar nocivas sus medidas revolucionarias, como efectivamente se vio.

Sharron Angle, según nos cuenta la prensa progresista, mostró la mayor de las aberraciones al afirmar que el embarazo fruto de una relación de violación era una manifestación de un deseo divino. Y es que sólo los necios se quedan en la superficie de las cosas para arrojar a continuación toda clases de improperios a ritmo y pulso de la mayoría dominante.

Todo embarazo, implica una vida en su interior. Da igual que sea fruto de una experiencia traumática y terrible como es una violación. El hijo que crece en su seno es un ser distinto al progenitor, y por tanto debe ser cuidado y protegido. Y aquel terrible episodio para una persona puede dar algo maravilloso como es una vida humana. Se me objetará desde las filas progresistas que el hijo ahondará en el recuerdo de aquel episodio. No creo que a una mujer se le olvide tamaña experiencia, menos aún cuando media un aborto por medio, al ser pues dos -en lugar de uno- traumáticos sucesos. Desde la óptica cristiana y moral, la llegada al mundo de un nuevo ser es motivo de celebración, nunca de desdicha. Y para los creyentes puede haber algo positivo en medio de un desierto de desesperanza y rencor que desemboque en un oasis y vergel de vida y optimismo. Así deben entenderse las palabras de la ex-candidata; y al menos que se tache al catecismo cristiano de radical, se verá el enorme humanismo de la justificación de la a priori alarmante afirmación.

Judson Phillips considera nefasto que un miembro del Congreso sea de confesión musulmana. Por  suerte la Constitución y la naturaleza americana no discrimina en razón de religión, raza o sexo. Y no cabría una medida así en los EEUU. Sin embargo debemos entender la visión que muchos musulmanes tienen de nuestra civilización y por tanto la retroalimentación que se produce. La destrucción desde dentro es una de sus tácticas, y por tanto este toque de atención debe ser puesto en voz alta, para prevenir desaforadas y desastrosas consecuencias. Romper una democracia y un régimen liberal  desde dentro no es nuevo en la Historia, y la vigilancia ante ello es un deber de todo ciudadano que se preocupe por el bien común, por su Res publica. La frustración de la ciudadanía ante tantos intentos de dinamitar (literalmente) EEUU lleva al recelo y la desconfianza, más para los que se han caído del guindo al ver que el islam no es una religión que promueva la paz. Otra cosa es el uso individual que se pueda adaptar de la doctrina, y por tanto no lo condenaremos a excepción de cualquier agresión de responsabilidad individual (y no de género o de colectividad) en las conductas reprobables y asesinas. Quizá deberían preguntarse qué pueden hacer los musulmanes americanos y moderados del mundo entero por revertir esta visión. Y construir una mega-mezquita al lado del WTC no ayuda demasiado.

La inmigración ilegal es otro de los temas candentes. Aquellos que se rasgan las vestiduras ante la expulsión de los ilegales no dejan de ser unos hipócritas. De hecho el enunciado “ilegal” los deja al descubierto, pues aquello que no es conforme a las leyes conlleva una sanción, y esto es algo que todos suscribimos. Y una posible amnistía no es mala siempre que se hiciera de forma excepcional ante casos excepcionales; de lo contrario se estará dando un mensaje erróneo de que todos pueden colarse a pesar de lo que digan sus consecuentemente leyes en papel mojado. Además la ilegalidad lleva a la exclusión social y ésta a la delincuencia. De ahí que muchos opten por medidas de autodefensa (amparadas además en la Constitución) ante un posible incremento de la delincuencia.

Otros de lo epítetos son simple y llanamente falsos como la acusación de racista, común en la izquierda cuando no se comulga con sus postulados.

En cuanto a la acusaciones vertidas a Obama tildándolo de marxista-socialista, no hace falta adoptar ningún tipo de interpretación por una u otra parte que pueda llevar a error. Los números de la economía están ahí y desvelan su doctrina económica. Quizá el sueño de Obama no sea crear un paraíso socialista, pero sí una democracia recalcitrante y en decadencia al estilo europeo del que por suerte el Viejo Continente va despertando aunque lentamente. La estatalización de la vida económica y social sí es algo radical; algo que no es moderado porque posterga la libertad, y alza cualquier ámbito social a la discreción del Estado. Y sólo es necesario ver la naturaleza de los EEUU, para comprobar que lo que allí se ve socialismo imperdonable, en Europa se aplaude, algo que evidentemente choca a los medios a este lado del charco.

La última cuestión  hace referencia al carácter que tiene EEUU como nación en su fundación. ¡Por supuesto que EEUU es una nación cristiana!, pero no es una nación teológica o declaradamente confesional. El cristianismo fue una constante que se tuvo presente en las deliberaciones de los Padres Fundadores en los albores del nacimiento de EEUU; y atendiendo a la letra del cristianismo de preservar la separación de la Iglesia del Estado fue algo que honró a los alumbradores de la nación al ceñirse a este principio. El sano laicismo de las instituciones choca con el que los dirigentes alérgicos al cristianismo desean imponer a la sociedad. No respetar y pisotear las creencias es algo inadmisible tanto desde el punto de vista de los Padres Fundadores como desde la sensatez que brinda la libertad de conciencia.

Después de todo esto debemos preguntarnos dónde está el radicalismo y la intransigencia. Y debemos ser valientes para afrontar las batallas dialécticas que nos obstaculicen, pues nos harán retroceder tanto que acabaremos reculando sobre nuestras ideas a fuer del silencio de la autoimpuesta mordaza, y acabaremos transigiendo y consistiendo al transmitir de generación en generación tópicos para los que en su día no batallamos.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Las “espinas” del Tea Party: la homosexualidad

20090514_45_Bandera gay 

Muchas descalificaciones se han vertido por estos lares de la Europa progresista con respecto al movimiento cívico-espontáneo del Tea Party con epítetos como reaccionarios (de connotación negativa aunque en puridad no lo sea), ultraconservadores, extrema derecha, radicales, etc.

Las mayoría de las veces se ha quedado en eso y no se han entrado a detallar en qué consisten tales políticas radicales. Otras veces caen en contradicción cuando no vergonzosa imagen de lo que entendemos por moderación, cuando asumen la intromisión del Estado en nuestras vidas como postura moderada, obviando la libertad frente al Estado, algo que no desmerece a juicio de la mayoría post-modernista.

Pese a ser un movimiento con unas ideas básicas y centrales como son los valores tradicionales americanos de gobierno limitado, vida comunitaria, merma del Estado leviatán, garantías constitucionales de libertad y cultura religiosa cristiana, hay como en todo, posturas que a priori son anatemizadas por escandalosas debido a la incorrección política: lacra posmoderna devenida en tiranía anestesiante y extremadamente peligrosa por sutil.

Una de las muchas noticias entra a detallar algo más el radicalismo conservador del Tea Party, pero aun a riesgo de caer en la trampa de rebatir ideas que pueden ser minoritarias y que por tanto no reflejen al colectivo del que hablamos, entraremos en su juego para echar de raíz tópicos con los que muchas veces los conservadores no sabemos salir hacia adelante ni defendernos.

Se nos comenta que Christine O´Donnell se ha salido de tono por su postura de que los homosexuales crearon el SIDA. Desconociendo si es verdad o no y en qué contexto lo dijo, lo asumiré. Aunque sea extremadamente políticamente incorrecto, el SIDA irrumpió con fuerza en los años 80 tras la bacanal del movimiento hippie. Yendo más allá de esta argumentación simplista, un conservador de renombre, afamado por su amor a la verdad y la exhaustividad como Paul Johnson, nos dice que podría ser que el organismo hubiera reaccionado de alguna manera ante la práctica no natural de la homosexualidad. De sobra es conocido que los casos mayores se dan entre homosexuales y es una pista  a seguir al rastrear su origen. Evolutivamente hablando el organismo habría así reaccionado ante una práctica que antes estaba contenida o por lo menos no aceptada socialmente y por tanto de alcance más limitado. Ciñéndonos a lo puramente empírico, vemos que los órganos en verdad sufren más desgarros en las prácticas homosexuales que en las heterosexuales. En cualquier caso, el lobby y la presión que supuso el movimiento gay hizo imposible que se siguiera investigando y se extendió un tabú del que por desgracia la ciencia no escapa, algo que no encaja con el saber científico de someter al empirismo aun aquellas materias heréticas para una sociedad.

Con respecto a la homosexualidad en general, no creo que la mayoría de los conservadores esté contra los homosexuales sino contra un comportamiento que se considera acertada, estadística y naturalmente anormal. Las primeras personas que se autoexcluyen son aquellos homosexuales que autodenominan gays haciendo de ello su “condición” y bandera y signo distintivo como algunos hacen con la raza en sintonía con el pensamiento discriminatoriamente positivo. Y son estas personas, los gays (movimiento político, diferente de la homosexualidad) los primeros que se denigran como personas al pretender hacer de su “elección” sexual la vara de medir su persona, al margen de si es es una persona buena o mala, decente o indecente, responsable o alocada, etc. La llamada “condición” pretende por tanto etiquetar y menospreciar su valor como persona, equiparándose a un género y colectivizándose.

Y somos los conservadores los primeros que recelamos intrínsecamente de nuestra intimidad, otorgándole un carácter sagrado en tanto en cuanto nos hacemos respetar manteniendo la privacidad de nuestras conductas. Somos los conservadores los que por tanto damos más valor como personas a los homosexuales porque  no los juzgamos más que por su valía como persona. De ahí a hacer ostentación y ejemplo a seguir de su conducta privada va un trecho; más aún cuando muchos proclaman la elección de la sexualidad como algo que depende de la voluntad, cuando a nadie se le escapa, que nadie quiere en verdad ser homosexual, sino que se convive con ello sin haber devenido de una previa elección que no existe.

El idilio de los homosexuales con el progresismo ha sido ocasionado entre otras cosas, por una prensa y unos medios que han tratado de ofrecer la imagen de que por el hecho de ser homosexuales tienen un “derecho”  al matrimonio, a la adopción y a la equiparación con la institución del matrimonio tradicional, haciéndoles creer que de no ser así se les está discriminando, pretendiendo extender un derecho donde no lo hay.

El movimiento del Tea Party como heterogéneo que es, por la multitud de miembros, unidos sobre unas bases generales, no tiene que ser plenamente uniforme y monocorde. Sus declarados enemigos no diferencian, y etiquetan a todo ello radical, ultra, o intransigente cuando no lo es. Sólo reclama un cierto orden moral y no una anarquía libertina que desestructure la comunidad. Habría que ver dónde queda el virtuoso justo medio aristotélico para ver qué conducta es la radical.

Seguiremos con otros tópicos en posteriores artículos.