"La única cosa necesario para que triunfe el mal, es que la gente buena no haga nada". 

"Aquél que no cree en Dios, termina creyendo en cualquier cosa".

Edmund Burke (1729-1797). Político británico.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lord Acton (1834-1902). Teólogo y ensayista.

miércoles, 28 de julio de 2010

Toros e independencia

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Más allá de que el término “autodeterminación” se aplicase para que las colonias accedieran a la independencia, y que no deja específicamente una puerta abierta a las secesiones en Estados enteramente constituidos, la libertad de cada pueblo de autogobernarse plenamente me parece un derecho natural básico. Dejando esto claro, y con todas las matizaciones que cabría al respecto, creo que si un día llega el momento en que los ciudadanos catalanes-españoles quieran optar por la independencia pura, me parece que tienen legítimo derecho a ello, amén de que los derechos de los ciudadanos, que hubiesen preferido haber seguido bajo el Estado español, se respetasen en su totalidad.

Lo que nunca cabe es que en ese proceso se vulneren y cercenen las libertades de las gentes de las comunidades “independizables”. Las amenazas que sufren en el País Vasco, las intimidaciones lingüísticas de Cataluña, y demás agravios sobre todo en el ámbito educativo, es un atropello que los políticos impulsan y realizan; todo ello a espaldas del sentimiento de la calle. Deformar desde arriba.

Recientemente una encuesta, creo recordar del CIS, dejaba claro que los ciudadanos catalanes no preferían una soberanía propia catalana o independencia.

Pero en el camino que estos políticos se han trazado, muchas veces más que querer conseguir la independencia, lo que desean es usurpar y desangrar al Estado central reteniendo unas cuotas de competencias elevadas, cercenando libertades como la que hoy ha saltado a los noticieros de nuestro país.

La prohibición de las corridas de toros es un ataque flagrante a la libertad de los ciudadanos, pues son éstos los que voluntariamente sufragan el evento taurino. Ganaderías privadas y espectadores asisten de mutuo acuerdo a este festejo que no tiene nada de “criminal”. Son simple y llanamente excusas diferenciadoras en ese camino arriba descrito.

En el toreo, se condena la lidia mal hecha, aquella en la que el animal sufre, y las muertes de semejante animal, que sólo existe debido a las corridas, no son muy diferentes de las de cualquier matadero. Los izquierdistas más radicales se rasgan las vestiduras, muy señoritos ellos aunque vayan de zarrapastrosos, ignorando o no queriendo ver que el ser humano debe matar para comer. Y aunque comprendo la distinta percepción que se puede tener sobre una corrida de toros en las que a los aficionados (de la que no formo parte) la muerte del toro le parece digna, a otros les puede causar repulsa y desagrado. Pero siendo una actividad privada no caben más objeciones, pese a la que realiza en base a los supuestos derechos de los animales. Éstos no existen. Los titulares de los derechos son las personas. Y hasta que no entiendan esto los especifistas, neohippies y demás ecolojetas, seguirán dando la lata.

Recordar además que Cataluña cuenta con una base muy fuerte de antitaurinos (es decir ecolojetas y grupos antisistema)  y  de esto es lo que han aprovechado y nutrido los políticos catalanes para diferenciarse de lo “español”, no su creencia en el supuesto maltrato. Toda una cortina de humo y un paso más en el camino liberticida que los políticos de toda clase ejercen.

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