(Artículo de Julio de 2007)
La región de los Balcanes ha estado caracterizada desde siempre por las luchas que en ella ha habido. La unificación socialista se produjo artificialmente bajo los delirios de Stalin. De ahí vienen buena parte de los problemas actuales que aún hoy no hemos conseguido resolver, a pesar de la independencia de buena parte de las repúblicas que antiguamente conformaron la Federación yugoslava.
Más allá de complejas normas del tenue y casi inexistente Derecho internacional (el cuestionable principio de no interferencia en asuntos internos de un país) y de diversas resoluciones de la ONU, la realidad es que las naciones se forman cuando una gran amplia comunidad posee unos rasgos comunes propios, con una identificación que las mayor parte de las veces es lingüística, racial, religiosa, histórica y cultural: siendo eso lo que conforma una nación. Los países no pueden ser mantenidos artificialmente y menos aún ser juguetes en manos de quien no les corresponde, como terceros países en una nueva versión de la guerra fría.
Además el caso de Kosovo es especial porque en 1999 se produjo el ataque aliado contra las fuerzas nacionalistas y racistas-genocidas de un loco totalitario del siglo XX como fue Slobodan Milosevic. El genocidio hizo necesaria la intervención aliada en esta región y la injerencia hizo inevitable la internacionalización del conflicto.
En aquellos tiempos, no muy lejanos, Rusia se negó en el Consejo de Seguridad de la ONU, a apoyar un ataque contra las fuerzas serbias, así que se realizó desde la OTAN, el organismo que por aquel entonces sufría una crisis de identidad como consecuencia del derrumbe de la URSS, y que puede ser y es de gran utilidad en la nueva lucha de este siglo, la lucha contra el terrorismo islámico.
Los sentimientos colectivos de ultraje de cualquier nación no suelen desaparecer de la noche a la mañana, y lo único que pueden hacer es enconarse y generar un nuevo conflicto. En vista de ello la solución de la independencia es la vía más plausible, ya que la mayor parte de la población -90%- son albanokosovares. Una independencia supervisada, para evitar un posible incremento de violencia contra la minoría serbia bajo el garante de la ONU, o del principal activo que hay en el mundo: Estados Unidos.
En cierta forma, además, la independencia sería una especie de retribución o reparación por el agravio al que fueron sometidos los kosovares. Una forma de expiar los pecados que se cometieron. Pero la principal argumentación es el sentimiento de identidad propia y diferenciadora que han caracterizado a todos los pueblos y naciones del mundo durante toda su convulsa Historia. Las heridas “colectivas” suelen ser difíciles de cicatrizar lo que hace de la opción independentista la mejor salida y restitución del daño ocasionado.
Las reticencias de Rusia con respecto a la antigua Yugoslavia obedecen en buena parte a un cierto pan-eslavismo del que la clase política rusa todavía se considera hegemónicamente representante, haciendo resurgir viejas conductas típicamente soviéticas, además del miedo a una Chechenia independiente como primera ficha de dominó. Es importante que el nuevo sueño de los oligarcas rusos de ir ampliando o recuperando áreas de influencia en el mundo no se haga realidad. Y de desbaratar el antiguo experimento socialista de unificar pueblos desde lo más alto, desde Moscú, en busca del pan-socialismo soviético.
Por el otro lado tenemos a EE.UU que además de creer en la libertad de los pueblos, y de involucrarse en ello como lo hizo en este caso en 1999, puede obtener una ligera ventaja psicológica-estratégica en el mundo musulmán, en la lucha por llevar la democracia y la libertad a los pueblos musulmanes. En cualquier caso obedece más a la propia naturaleza de la creencia de Estados Unidos en la independencia de los pueblos.
Es cierto que los terroristas kosovares pueden presentar la independencia como un triunfo de sus métodos, pero no debe llevarnos a engaño cuál es la verdadera naturaleza de los pueblos de cara a su independencia. Una federación tiene que contar con el beneplácito de los que la componen; si no, la vía independentista es la mejor solución delimitando esta comunidad de la serbia.
Y por más que incluso la derecha liberal española trace paralelismos con las regiones secesionistas españolas los casos son totalmente distintos.
En el mundo se van creando naciones nuevas que surgen de un sentimiento de identidad propio y diferenciado que conlleva directamente al autogobierno. Y en algunas además la Historia y las circunstancias lo justifica como es el caso de Kosovo, en vista de una paz definitiva. Y es hora de que se sume una nueva república a las demás de la antigua Yugoslavia, que concluyó con la guerra de los Balcanes y su desmembramiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario