Nunca hay que desperdiciar la ocasión para desprestigiar a la presidenciable Sarah Palin aunque sea a costa de las más sagradas cuestiones. Una de ellas es la memoria de los familiares de las víctimas del 11-S, y puesto que la Palin ha manifestado su más absoluto rechazo a que cerca del World Trade Center, donde antaño se erigían las Torres Gemelas, se ubique un mega centro islámico a cargo de la llamada Iniciativa Córdoba, las tintas vuelven a cargarse contra ella.
Pues más allá de las implicaciones del nombre de la Iniciativa (allá ellos en reclamar aún más Al Andalus), lo preocupante y lo que debe despertar el rechazo de toda la ciudadanía que se digne, es que un centro de esas características esté a escasas manzanas de donde se cometió el mayor ataque terrorista de la historia. No puede ser algo inocuo esta ubicación pues precisamente estos atentados se cometieron en nombre de esa misma religión que ahora quiere deshonrar la memoria de los que allí perecieron incluyendo a correligionario suyos.
El que se desmarquen atribuyendo a los ataques un radicalismo ajeno a ellos fruto de distintas versiones y prácticas del islam, no debe ser excusa para la implementación del centro. Sólo por tacto, la Iniciativa Córdoba no debería realizar este proyecto de ofensa y sobre todo provocación (ellos que tanto se quejan de los “ultrajes” a sus símbolos). De lo contrario no presuponemos buena voluntad y sí avivar una llama de resentimiento que precisamente puede volverse contra ellos por este tipo de provocaciones. Pues la sociedad americana, y más aún una ciudad tan cosmopolita como NY, puede ser demasiado tolerante, casi indulgente; pero no por ello idiota, y desde luego orgullosa como la americana. El que dicho proyecto cuente con cierta aquiescencia ciudadana refleja el carácter pacífico y abierto en cuanto a la práctica de la religión se refiere siempre que no esté contaminada de extremismos. Pero eso es algo que no sabemos a priori, y que evidentemente no podemos prohibir ni condenar de antemano. Y es que a veces creemos ingenuamente que el adoctrinamiento se lleva a cabo en lejanas tierras cuando la realidad muchas veces es otra.
Por tanto lo que sí podemos reprobar son las formas que están adoptando. Y la impresión que ofrece esta iniciativa es la de la propaganda islámica, erigiéndose en el mismo corazón ,todavía humeante, de los ataques.
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