"La única cosa necesario para que triunfe el mal, es que la gente buena no haga nada". 

"Aquél que no cree en Dios, termina creyendo en cualquier cosa".

Edmund Burke (1729-1797). Político británico.

"El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lord Acton (1834-1902). Teólogo y ensayista.

lunes, 2 de agosto de 2010

¡Qué asco das, Stone!

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El afamado director de cine Oliver Stone en sintonía con sus amiguetes Chávez, Ahmadineyad y compañía, se ha unido a las habituales arengas contra los judíos banalizando, despreciando y relativizando sobre el holocausto. Aunque no cabía esperarse otra cosa de la deriva radical izquierdista de este tiparraco hagiógrafo de Fidel Castro.

Afirmaciones como éstas se suman al preocupante antisemitismo y antisionismo que por desgracia parece ir repuntando. Las campañas pseudo periodísticas sobre los acontecimientos en Israel van surtiendo efecto, y son muchos los ejemplos que por desgracia se nos acumulan para enumerarlos todos, siendo nuestro país es un buen ejemplo de estas preocupantes manifestaciones.

Dice que el nazismo hay que ponerlo en su contexto (sic) y que contó con el apoyo de la industria occidental. Sí, es verdad que Hitler contó con esa ayuda, pero fue antes de la entrada en la guerra y antes de que se conociera la agenda exterminadora que tenía en mente y proyecto. Aunque, que diga esto alguien que gana millones y se codea con la calaña coetánea a Hitler no deja de ser una ironía.  Y que Hitler hiciera mucho más daño a los rusos que a los judíos (habría que verlo pues unos murieron combatiendo y a los otros los exterminaron como a animales), pone de manifiesto su relativismo y minimización de la cuestión de los judíos. Los rusos (bolcheviques) y los nazis buscaban la dominación mundial por medios relativamente diferentes, y digo relativamente porque la supremacía de la raza fue sustituida por la de clase, en su lucha y expansionismo democida. De hecho, poco dice que Hitler y Stalin acordaron repartirse Polonia (donde los judíos predominaban) como tampoco comenta nada sobre el bolchevismo y el odio a los judíos capitalistas. Ni tampoco las deportaciones en masa, la miseria, los asesinatos sumarios, la hambruna y todo aquello que millones de personas en el mundo padecieron bajo la bota del comunismo. El mal encarnado en el nazismo no es  muy diferente del del comunismo pese a que el primero tuviera una carga más eliminadora, por los asesinatos más sistemáticos y de mayores proporciones. Pero el acatamiento de una ideología tirana tampoco dejaba rescoldos a la mínima disidencia; si no, ahí estaba el gulag.

Además la sociedades liberales se caracterizan porque la culpa o la virtud recaiga de forma individual y no colectiva como los fascismos y el comunismo mandan. Las  posibles culpas y responsabilidades de “judíos” u occidentales en el ascenso y rearme de Hitler no deben recaer en una determinada raza o pueblo como hace Stone.

Más increíble aún si cabe es el supuesto dominio que los “judíos” ejercen sobre los medios de comunicación, pues si así fuera, el antisemitismo no estaría creciendo como lo está haciendo. Otra cosa es que el que cuestiona el Holocausto quede más o menos estigmatizado (con razón) pues supuso algo tan fuerte en la historia de la humanidad, algo tan terrible y devastador, superando cualquier límite en la maldad y la falta de humanidad, que es normal que sobre esto sólo los más radicales lo cuestionen. Pero no todo es tan halagüeño a la hora de sacar lecciones de la historia: sin ir más lejos, lo políticamente correcto, sin revisar el Holocausto, condena incoherentemente el derecho de Israel de vivir dentro de unas fronteras seguras para sus habitantes. Pues la consecuencia lógica del Holocausto era la creación de una patria que evitara en la medida de lo posible ese episodio tan oscuro de la humanidad. Explicar o más bien “revisar” hoy día lo que supuso el Holocausto como pretenden estos antisemitas es caer en su trampa. No caben discusiones sobre lo que el pueblo judío pasó. 

Y sólo hacen falta ver las compañías de este millonario “anticapitalista” para no entrar al trapo en las bravatas que él y sus coriferos, como Ahmadineyad, lanzan. Romper en su favor una lanza al mostrar la enorme coherencia entre su antisemitismo y la defensa que realiza del régimen iraní y su ambición por dotarse de armamento nuclear.

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